jueves, 25 de febrero de 2010

Melquiades

No podía levantarme, no hasta que recibiera su llamada, pero era demasiado arriesgado. Nadie sabía nada de él desde hacía años, yo ni siquiera lo conocía. Lo único que se sabía es que Melquiades lo controlaba y no quería dejar de hacerlo.

Ya de madrugada la pantalla de mi teléfono móvil se iluminó, él me llamaba. Me apresuré a cogerlo antes de que el tono despertara a alguien.

Con miedo ante la incertidumbre de lo que acontecería me acerqué el aparato al oído -Gracias por llamarme, muchísimas gracias.- Le susurré.

Solo recibí como respuesta una respiración profunda y el sonido de la tecla de su teléfono para colgar. Al unísono se oyó la puerta de mi casa. Era imposible, mi padre estaba durmiendo y nadie más podría entrar en mi casa. Entonces lo supe: Melquiades.

Apareció de forma lúgubre en el pasillo, era muy grande, pero tendría unos 16 años, su pelo le llegaba a los hombros y era rubio y destacaba enormemente su fealdad. Se dirigió hacia mí y mi miedo se acrecentaba....


Desde entonces no puedo huir de él, aparece siempre por la noche, da igual que bloquee todas as puertas y ventanas, él consigue abrirlas. Nunca habla, su paso es muy rápido y su expresión
seria...



miércoles, 24 de febrero de 2010

El Tiempo Pasa - Pablo Milanés

Ésta es una canción que mi madre me ponía de pequeña y que ultimamente ronda mi cabeza. Quiero compartirla con vosotros.

Habla de como se marchita el amor con el paso del tiempo, del cansancio, la monotonía...




El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.

Pasan los años,
y cómo cambia lo que yo siento;
lo que ayer era amor
se va volviendo otro sentimiento.
Porque años atrás
tomar tu mano, robarte un beso,
sin forzar un momento
formaban parte de una verdad.

El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de temor.

Vamos viviendo,
viendo las horas, que van muriendo,
las viejas discusiones se van perdiendo
entre las razones.
A todo dices que sí,
a nada digo que no,
para poder construir la tremenda armonía,
que pone viejos, los corazones.

El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.

jueves, 18 de febrero de 2010

Dos Palabras II

Porque me dices por qué, Dos palabras.

domingo, 14 de febrero de 2010

Comida China en San Valentín

En una de las más grandes urbes nocturnas con cientos de luces de coches, ventanas y farolas, diminutas como luciernagas, se encuentra un barrio variopinto. Es el barrio de los restaurantes, grandes y pequeños, cutres y para la alta sociedad.

La singularidad del barrio se caracteriza por el hecho de que instalaciones (la mayoría de comida oriental) muy distintas se encuentran una al lado de la otra:

En un callejón está un restaurante de comida china, sin muchos recursos. Es un buffet libre cuya comida se encuentra repartida en una mesa a largada en el centro de el pequeño espacio. Los manteles son de cuadros, las paredes amarillas y las servilletas de papel.

En su parte trasera, mirando hacian la gran avenida el restaurante asiático más famoso de la ciudad nos intimida. Su techo es altísimo, sus paredes oscuras y sus luces tenues. Para poder disfrutar de un mesa en este día de San Valentín y poder pisar el marmol pulido y trabajado de la entrada hubiera sido necesario reservar mesa hace tres meses.

viernes, 5 de febrero de 2010

Arañitas

Queridos recuerdos, querido inconsicente:

Por favor, no me hables más. Quiero que se vayan las arañitas de mi cerebro.

domingo, 24 de enero de 2010

El Parque de Atracciones

Estaba oscureciendo en el parque de atracciones, hacía poco que habíamos entrado, pero nos habíamos dispersado y a mi lado solo estaba Jose, con quien no hablaba desde hacía años. La última vez que visité el parque de atracciones, puedo recordarlo muy bien, fue con un grupo muy grande, el antiguo equipo, entre los que estaba JF y Francisco.

A pesar de la noche, entre las luces de neón de las atracciones el bullicio se hacía notar, las colas estaban abarrotadas. No introdujimos en un túnel en el que solo se podía pasar en barca. A uno y a otro lado atracciones para niños, casas del terror, ruido y más ruido.


- ¡Vayamos a una casa del terror!- Gritó muy ilusionado.

Asentí con la cabeza y le propuse unas cuantas, pero ninguna le parecía bien: Algunas eran demasiado pequeñas, otras demasiado infantiles. Al llegar el final vimos un gran amasijo de calaveras e infraestructuras tenebrosas, nos pareció perfecta, muy misteriosa. Sin embargo, no encontramos una entrada y nos pusimos a discutir sobre atracciones de este tipo.

- ¿Te acuerdas del edifico gigante de la feria del año pasado? Era todo de ladrillo pero dentro daba muchísimo miedo.
- Sí, pero era mucho mejor la caída libre donde te tapaban los ojos.
- Las cosas dan más miedo cuando no sabes lo que está pasando.

Entonces vimos la caída libre del parque, era a cielo abierto y no te tapaban los ojos pero me encantaba. Así que convencí a mi amigo para ponernos a la cola.

- Después quiero ir a la montaña rusa, hace años que no subo.
- ¿Qué pasa? ¿Te da miedo?
- ¡Para nada! Es que está tan lejos de las demás cosas…

En efecto, la montaña rusa se situaba casi al final del parque y estaba separada del resto de atracciones por un parque de setos. Por esta razón siempre había muy poca gente en la cola. Creo que esto también podría a deberse a lo siniestro de la atracción: no se oía a nadie hablar, solo el traqueteo de los hierros, y esas luces tan blancas invitaban a alejarte.

Aún así me puse en la cola con todas mis ganas. Solo cuatro chicas esperaban delante de mí, conversaban con una empleada del parque que les comunicaba que con menso de 10 personas no podría ponerse la atracción en marcha al tiempo que amanecía.

Cuando hubimos reunido la cantidad de personas suficiente me dispuse a montar. Todas las chicas estaban en la parte de atrás del coche. Yo no estaba nada asustada así que me senté en una de las filas delanteras, las barras de seguridad se ajustaron y el coche arrancó. En el primer looping me di cuenta de que la barra no se había ajustado bien, ¡estaba suelta!

- ¡La barra no está sujeta!¡Que paren la atracción!- Gritó una chica de la última fila.

Las dos empleadas que se encargaban de la montaña rusa estaban también eran las dependientas de un pequeño videoclub que estaba al lado del torno de entrada. Se encontraban ordenando las películas y no podían oírnos. Al rato una de ellas miró a través del escaparate y avisó a su compañera. Salieron corriendo y en una de las veces que el coche pasaba por la entrada subieron a la atracción a dirigirla desde el cuadro de mandos de la primera fila.
Ajustaron los mandos de las barras de seguridad y todo volvió a la normalidad hasta que el vagón descarriló. Por lo visto, una Barbie se había caído del bolsillo de una de las chicas para ir a parar a las vías de la atracción.

Salté del carricoche y me metí en el videoclub. Jose estaba mirando películas subido a una escalera. Le dije que bajara. Entonces fue cuando vimos a las dos empleadas corriendo hacia nosotros, gritando como locas.


Cuando recobré el conocimiento estaba atada, en el tejado de un edificio, y aquellas dos chicas me miraban, pidiéndome un beso.

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