lunes, 22 de enero de 2018

Vivir sola

Estoy así porque los demás me ven de esa manera.

Por eso no quiero vivir con nadie, porque en la medida que se reflejan en alguien mis problemas, se intensifican.

No quiero que me ayudes, quiero estar sola. Porque en soledad es como se me desabrocha la chaqueta del personaje que me acompaña.

Y nadie me ve de ninguna manera. Así que estoy bien.

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En otro orden de cosas, ya he entendido que me odiabas. Antes de dejar de quererme, ya me odiabas con toda tu alma, ya te molestaban mis ires y venires, mis desenfados y mis bromas.
No podías soportarme. Y lo peor es que pensabas que me querías. A tu edad.

Los cuadraditos de la acera rompieron el motor

Lourdes llevaba ya como quince hijos en su haber y a estas alturas de la película no le importaba para nada experimentar. Así que allí estaba su bebé de dos meses en aquel dispositivo de movimiento autónomo. En la casa funcionaba bien, más o menos como el robot de limpieza, pero en la calle la cosa se complicaba. La chiquilla estuvo al borde de caerse en dos o tres arriates.

Mientras tanto, la otra parte de la familia había ido al local de videojuegos, con los cedés debajo del brazo. No pensaron que las videoconsolas no eran compatibles y, tras pelearse un buen rato con el dueño, optaron por tomarse un chocolate caliente. 

No estuvo mal. Al fin y al cabo habían estado en familia.

jueves, 11 de enero de 2018

Venecia

Antes de irme déjame decirte que recuerdo Venecia. Y lo hago no como la romántica y turísitica. La recuerdo en cierta manera como una ciudad normal, donde pasear por las calles desiertas, las de los tendederos de la gente que no puede comprar ni en los mercados abarrotados de visitantes porque no tienen dinero, las calles de las barquillas rotas.

Déjame decirte, sin que nunca te enteres, que Venecia es un laberinto de italianos normales haciendo carreras de orientación por la noche. Venecia es que le preguntes a una señora mayor que donde podemos comer, y que ella se asuste porque no le suele hablar nadie, que te ofrezca un plato de pasta.

Venezia è amarci col nostro italiano che non è perfetto, ma è nostro.

Venecia es tener una foto en la que me veo mirándote e imaginando un futuro juntos, es atraparte en un viaje de un día y sin hoteles. Es pedir un café en la barra de un restaurante caro, por la cara, y que la camarera te cuente cómo la ciudad está muriendo de éxito, como nunca más será lo que era.

Venecia nunca más será Venecia.


jueves, 4 de enero de 2018

Me veo

Tengo tiempo de enredarme
en el hastío de medio sonreírte
de ser mitad huella
en hojas de algodón vacío
de ser mitad objeto
de una compasión impronunciable.

¿Te has roto de pena?
¿Te has ahogado en el silencio?
Preguntas a la estatua de tus entrañas,
a la inamovible y descabezada.

Te respondo que estallé
en la libertad solitaria
con mis expresiones recogidas.
Que quiero estar en esta brecha
de tiempo que no habrá de existir.
Que no puedo eternizarme,
y que entenderlo me serena.

Mas no me oyes
porque no hablo,
y solo alcanzo a balbucear
que no,
que no me pasa nada.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Si te dejo llamarme "Colcita"

Paseaba por la calle Angel de Saavedra y allí estabas, conversando animadamente con mi familia. Junto a ti, una copia mala de ti mismo.

- Es muy parecido al que te envíe. - Le dijiste a mi padre señalando a tu copia.

Quisiste hablar conmigo, separándome del grupo, pero para mí la realidad entrechocaba con la idea de que nunca más habría de encontrarte. Me desmayé.

Desperté en una cama, velada por ti y por tu copia, muda.

- ¿Qué haces aquí? - alcancé a preguntarte.
- Tenía ganas de venir a Córdoba.
- Dime lo que quiero saber.
- Ya no estoy con ella. Puedo ir a cualquier sitio, mañana mismo dejaré Madrid.

Te imaginé conmigo alrededor del mundo y sentí que podría vivir en cualquier parte del mapa.

- Déjame quererte de nuevo.
- Déjame pensarlo.






martes, 17 de octubre de 2017

Una vez tuve una especie de cómplice

¿Sabes que cuando te confundes en mi masa dejas, en cierta manera, de ser especial? Porque esto es un registro de deshechos, de miserias, de intenciones y a veces hasta de hipótesis.

Cuando te concedo el poder de estar aquí, dejas de ser mi amigo, dejas de ser para siempre, empiezas a ser pasado. No sé, a lo mejor estás en un para siempre diferente, ese que está en los libros pero que no está en la vida. 

Ya veo como se difuminan las escenas de otra etapa de mi vida, tan inconstante, tan desvanecida como todas las demás.


¿Quién llegó siquiera a mirarme por dentro? ¿Quién creyó habernos desentrañado? ¿Quién se decepcionó?

Qué sorpresa. Al final solo era una persona normal. Y eso siempre te rompe los esquemas.

Me acuerdo de cuando fui una persona normal, tan normal como desnuda, tan desnuda como sonriente, tan sonriente como tranquila. Solo me hacía falta una sombrilla y una playa. Y no pude hacer nada por no destruirlo.

Pero eso no tiene nada que ver contigo.

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