martes, 17 de octubre de 2017

Una vez tuve una especie de cómplice

¿Sabes que cuando te confundes en mi masa dejas, en cierta manera, de ser especial? Porque esto es un registro de deshechos, de miserias, de intenciones y a veces hasta de hipótesis.

Cuando te concedo el poder de estar aquí, dejas de ser mi amigo, dejas de ser para siempre, empiezas a ser pasado. No sé, a lo mejor estás en un para siempre diferente, ese que está en los libros pero que no está en la vida. 

Ya veo como se difuminan las escenas de otra etapa de mi vida, tan inconstante, tan desvanecida como todas las demás.


¿Quién llegó siquiera a mirarme por dentro? ¿Quién creyó habernos desentrañado? ¿Quién se decepcionó?

Qué sorpresa. Al final solo era una persona normal. Y eso siempre te rompe los esquemas.

Me acuerdo de cuando fui una persona normal, tan normal como desnuda, tan desnuda como sonriente, tan sonriente como tranquila. Solo me hacía falta una sombrilla y una playa. Y no pude hacer nada por no destruirlo.

Pero eso no tiene nada que ver contigo.

sábado, 14 de octubre de 2017

Pareciera que estás en blanco y negro

Es triste navegar en el mar de ceniza de tus recuerdos, donde no hay casi fotos, porque vivimos juntos una transición digital y revolucionaria de sentimientos. Estabas tan cerca de mi corazón que nunca necesité retratarte más allá de una foto de carnet, como hacían nuestros abuelos. Creo que perdí esa foto a propósito, en alguna cartera antigua. 

Y toco nuestros restos fosilizados como si de verdad estuvieras muerto. Y a veces sigo llorando, por puro placer. Y lloro porque querría volver a tener quince años y volver a quererte, porque nuestra Córdoba ya no existe y cada día quedan menos sitios donde imaginarte de mi mano. Y ya ni siquiera me acuerdo de la esquina de aquellos veinte duros donde me dijiste lo guapa que estaba. Joder, ya nadie dice veinte duros, igual que tú no solías decirme cosas superficiales. 


No te confundas, no estoy loca. Es que no me gusta hacerme mayor. 

jueves, 12 de octubre de 2017

Tu recuerdo sabe a madera


Hay emociones que me saben a madera. Me veo irrumpiendo en tu casa minúscula, en tu verde que contrastaba con mi naranja. He olvidado casi por completo como era la ilegalidad social de desearnos.  Porque nuestra casa de París nunca fue como ninguna de nuestras otras casas, que no sabían a madera.

Me sumerjo, instintivamente, en las sábanas de nuestro amor, que era nuestro cómplice y que destruyeron tus creencias. 

Y ahora estás casado. Tu pragmatismo quizá te haya hecho deshacerme y reconstruirme para tu comodidad. 

Y ya nunca sabré de ti.

Pero tampoco lo necesito, porque estás en la caja de madera de mi corazón.  

lunes, 9 de octubre de 2017

Atrapados en la norma

¿Por qué nos atrapas en el todo o nada?
¿Por qué nos haces infelices en los extremos?
¿Por qué no puedo besarte sin que me poseas?
¿Por qué no podemos querernos sin que te posea?

Decir "no quiero hacerte daño" es la manera fea de decir "te quiero hoy".

Somos incapaces de vivir el presente.
Y vivimos los rencores.
Y absorbemos el futuro.

Me siento invadida por escenas sobre los celos.
Me siento agredida por la norma.

Mi yo presente no tiene nada que hacer contra mis millones de yos pasados y futuros.

Y así nos encontramos, o solos o atrapados.

miércoles, 4 de octubre de 2017

A veces sonríe, creo

Ayer me preguntaron por ti, como si estuviéramos en tu casa. Y dije que no sabía nada, no quise dar más detalles.  Por dentro pensé "a veces sonríe".


Esta noche me crucé contigo en mis sueños, en el supermercado, mientras yo compraba cerezas. Te sonreía todo el cuerpo, y le hacía parecer más relajado, y eso te transformaba el mismo tiempo en más joven y más anciano. 

- Te veo,  bien, como más feliz.- Te dije con cariño.
- Eso ven todos, pero yo no puedo verme a mí mismo y, por tanto, no soy capaz sentirme de ese modo. - Contestaste impotente.

Reímos en cada esquina del centro comercial, y nunca me trataste mal. Eso me da paz.

Quizás sea verdad que eras un reflejo de mí misma.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Algo que hice mal

Jugábamos a encontrar pistas
por la ciudad rota y cosida
y sus almacenes desangelados.
Sabías que no te pediría perdón,
e ignorabas que quería rozarte
la mejilla, la nariz, lo que tocase.

"De esto va todo,
de que somos millones"
contestaste a mi sorpresa.
Tenías razón y no me pesaba
pero mi boca no usaba palabras
que redimieran o iluminaran.

Me agarré a tu pelo,
me subí a tu boca
y tu sorpresa no apartó mi peso.
No eras mío,
no era tuya,
pero el momento nos pertenecía.

"¿De qué va todo esto?
Esto ya no nos toca"
me dijiste iluminado
o tomándome por loca.
Me dejé caer en tu pecho.
"Perdona, perdona, perdona"

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