jueves, 1 de diciembre de 2016

Atardeceres

    Hay atardeceres agobiantes y deprimentes, como los de la torre eléctrica de la campiña sevillana. Solo tienes que moverte cinco metros para que deje de ser un atardecer morado y sofocante, para que deje de rebotar en las paredes blancas llenas de grafitis, para recordar que ya se asoma la "Nuna" aunque sea de día. Solo tienes que moverte unos años para que recuerde las confidencias en los poyetes que asomaban del alcor, de las noches tranquilas en los que "ya la Luna" iluminaba todos los cultivos, los girasoles apagados.

   Y entre medias están los bares cordobeses, también al atardecer, pero frío. Y a veces allí estoy yo, atravesando la barrera invisible que sostenía la mesa, acariciando el deseo de que aquel momento automático nunca atardeciese. Y después, en cada suspiro, se desinflaba la luna.

martes, 29 de noviembre de 2016

Ojoh verde verde

    Los ojos verdes de antes de ayer ayer me recordaron otros ojos verdes. Ojos verdes de hace años.

   Ayer recordé una foto en un móvil viejo, una foto perdida en la obsolescencia virtual. Ayer sentí como te cegaba la mirada un flash de una tarde tardía, que era noche por ser invierno. 

   Tenía esa imagen perdida en el cerebro, no recordaba ni que existiese. No me hace falta la foto, porque es increíble la nitidez con la recuerdo tu mirada profunda, a pesar de que tus ojos fueran verdes, tu sonrisa enorme, de chiquillo, y tu piel, casi más blanca que la mía. 

   Creo que fue la misma noche que pasó esto. Recurro a lo que escribí entonces y recuerdo un comentario olvidado. Qué tontería, tu ojos y tu mirada antigua, pero qué nostalgia. Estoy tan loca como las lágrimas que empañan mis ojos normales.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Ojos verdes

     Creo que hay algo de la noche que no puedo comprender. Algo que entendí una vez siendo niña que he olvidado. Una sensación que me taladra el alma cuando escucho

Apoyá en el quicio de la mancebía 
miraba encenderse la noche de mayo

     Me imagino mirando la Alhambra en un situación que ya es imposible vivir. Tiene un trasfondo antiguo, cuando no podías mirar las pantallas. Quizá por eso para mí es mi niñez, porque la revolución tecnológica me pillo casi en pañales, o quizá es que cuando somos niños miramos los paisajes de manera diferente. 

     Hay algo de prohibido en la noche, algo que siento que me han estado escondiendo toda la vida. Eso desaparece cuando se apagan las luces de las casas, las luces naranjas. Por la noche, las luces tenues y calladas me revelan un mensaje infinito de posibilidades, que se esfuman al apagarse. No puede haber ruido, tiene que ser una noche antigua, llena de brisa. Entonces, siento que algo puede pasar, pero se me ha olvidado el qué. Me pregunto si será una historia como la de la prostituta de la mancebía.




viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Qué decías de un corazón de piedra?

      Te equivocas cuando dices que tu corazón ya no puede sentir odio. Te equivocas en el "ya", porque el odio no sale del corazón, entra. El odio no lo genera el corazón como no genera moscas la buena comida. El odio es un veneno que se te ofrece en muchas ocasiones, y que tú decides beber. El odio no se siente con el corazón porque el corazón duele, el corazón avanza, y odiar es solo dejarte ir.  
      El corazón es tan bueno que solo puede ser víctima, y nunca verdugo. El corazón puede sentir cosas buenas o estar muerto. Estar muerto y tu alma perdida.  Por eso yo tengo un corazón coraza. 
    

martes, 22 de noviembre de 2016

Estimada quien quiera que seas

      Sólo hay unas palabras que se me venga automáticamente a los labios cuando lo leo. Ya sabes, cuando no puedes reprimir una frase, aunque estés sola. En el texto, lo reconozco. Eso es, ahí está. Siento informarte de lo lascivo en este caso no es un recurso literario. Que lo de lamer está más que relamido, y que lo de tu cuerpo no es más que una excusa para poseerlo, cuando te haga pronunciar lo que tanto desea. No te desea. No es capaz, no son capaces. Eres un objeto tanto en cuerpo como en alma.  Corre antes de que te atrapen todas esas palabras escritas con saliva. 

     Mira que yo no soy nada estrecha, pero hay algo en el sentido de todas esas frases que hacen que solo pueda pensar "¡Qué asco!"

lunes, 21 de noviembre de 2016

Punto de piel de manzana

    Dos recuerdos me han asaltado últimamente. Uno, es del Día de los Difuntos, recién comenzado el milenio, yo no tendría ni diez años. Una tradición americana dice que si el día de Halloween cortas una banda de piel de manzana y la lanzas por encima de tu hombro, la silueta que forme en el suelo será la inicial del nombre de tu amor verdadero. Qué tontería, ¿verdad? Y sin embargo recuerdo perfectamente la letra que formó la mía. Qué gracia, podía ser dos letras, y las dos eran iniciales de nombres representativos. Como lo son justo ahora, en este momento de mi vida. 

   El segundo recuerdo es de hace un año. Volvía loca, en una furgoneta, al peor aeropuerto de Europa. Volvía ansiosa, medio feliz, sin pensar en que la cáscara de la manzana podría ser una vocal, pero desde luego no la tuya. 



   Y una vez descartada esa letra, ¿consonante o vocal? 

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