jueves, 11 de enero de 2018

Venecia

Antes de irme déjame decirte que recuerdo Venecia. Y lo hago no como la romántica y turísitica. La recuerdo en cierta manera como una ciudad normal, donde pasear por las calles desiertas, las de los tendederos de la gente que no puede comprar ni en los mercados abarrotados de visitantes porque no tienen dinero, las calles de las barquillas rotas.

Déjame decirte, sin que nunca te enteres, que Venecia es un laberinto de italianos normales haciendo carreras de orientación por la noche. Venecia es que le preguntes a una señora mayor que donde podemos comer, y que ella se asuste porque no le suele hablar nadie, que te ofrezca un plato de pasta.

Venezia è amarci col nostro italiano che non è perfetto, ma è nostro.

Venecia es tener una foto en la que me veo mirándote e imaginando un futuro juntos, es atraparte en un viaje de un día y sin hoteles. Es pedir un café en la barra de un restaurante caro, por la cara, y que la camarera te cuente cómo la ciudad está muriendo de éxito, como nunca más será lo que era.

Venecia nunca más será Venecia.


jueves, 4 de enero de 2018

Me veo

Tengo tiempo de enredarme
en el hastío de medio sonreírte
de ser mitad huella
en hojas de algodón vacío
de ser mitad objeto
de una compasión impronunciable.

¿Te has roto de pena?
¿Te has ahogado en el silencio?
Preguntas a la estatua de tus entrañas,
a la inamovible y descabezada.

Te respondo que estallé
en la libertad solitaria
con mis expresiones recogidas.
Que quiero estar en esta brecha
de tiempo que no habrá de existir.
Que no puedo eternizarme,
y que entenderlo me serena.

Mas no me oyes
porque no hablo,
y solo alcanzo a balbucear
que no,
que no me pasa nada.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Si te dejo llamarme "Colcita"

Paseaba por la calle Angel de Saavedra y allí estabas, conversando animadamente con mi familia. Junto a ti, una copia mala de ti mismo.

- Es muy parecido al que te envíe. - Le dijiste a mi padre señalando a tu copia.

Quisiste hablar conmigo, separándome del grupo, pero para mí la realidad entrechocaba con la idea de que nunca más habría de encontrarte. Me desmayé.

Desperté en una cama, velada por ti y por tu copia, muda.

- ¿Qué haces aquí? - alcancé a preguntarte.
- Tenía ganas de venir a Córdoba.
- Dime lo que quiero saber.
- Ya no estoy con ella. Puedo ir a cualquier sitio, mañana mismo dejaré Madrid.

Te imaginé conmigo alrededor del mundo y sentí que podría vivir en cualquier parte del mapa.

- Déjame quererte de nuevo.
- Déjame pensarlo.






martes, 17 de octubre de 2017

Una vez tuve una especie de cómplice

¿Sabes que cuando te confundes en mi masa dejas, en cierta manera, de ser especial? Porque esto es un registro de deshechos, de miserias, de intenciones y a veces hasta de hipótesis.

Cuando te concedo el poder de estar aquí, dejas de ser mi amigo, dejas de ser para siempre, empiezas a ser pasado. No sé, a lo mejor estás en un para siempre diferente, ese que está en los libros pero que no está en la vida. 

Ya veo como se difuminan las escenas de otra etapa de mi vida, tan inconstante, tan desvanecida como todas las demás.


¿Quién llegó siquiera a mirarme por dentro? ¿Quién creyó habernos desentrañado? ¿Quién se decepcionó?

Qué sorpresa. Al final solo era una persona normal. Y eso siempre te rompe los esquemas.

Me acuerdo de cuando fui una persona normal, tan normal como desnuda, tan desnuda como sonriente, tan sonriente como tranquila. Solo me hacía falta una sombrilla y una playa. Y no pude hacer nada por no destruirlo.

Pero eso no tiene nada que ver contigo.

sábado, 14 de octubre de 2017

Pareciera que estás en blanco y negro

Es triste navegar en el mar de ceniza de tus recuerdos, donde no hay casi fotos, porque vivimos juntos una transición digital y revolucionaria de sentimientos. Estabas tan cerca de mi corazón que nunca necesité retratarte más allá de una foto de carnet, como hacían nuestros abuelos. Creo que perdí esa foto a propósito, en alguna cartera antigua. 

Y toco nuestros restos fosilizados como si de verdad estuvieras muerto. Y a veces sigo llorando, por puro placer. Y lloro porque querría volver a tener quince años y volver a quererte, porque nuestra Córdoba ya no existe y cada día quedan menos sitios donde imaginarte de mi mano. Y ya ni siquiera me acuerdo de la esquina de aquellos veinte duros donde me dijiste lo guapa que estaba. Joder, ya nadie dice veinte duros, igual que tú no solías decirme cosas superficiales. 


No te confundas, no estoy loca. Es que no me gusta hacerme mayor. 

jueves, 12 de octubre de 2017

Tu recuerdo sabe a madera


Hay emociones que me saben a madera. Me veo irrumpiendo en tu casa minúscula, en tu verde que contrastaba con mi naranja. He olvidado casi por completo como era la ilegalidad social de desearnos.  Porque nuestra casa de París nunca fue como ninguna de nuestras otras casas, que no sabían a madera.

Me sumerjo, instintivamente, en las sábanas de nuestro amor, que era nuestro cómplice y que destruyeron tus creencias. 

Y ahora estás casado. Tu pragmatismo quizá te haya hecho deshacerme y reconstruirme para tu comodidad. 

Y ya nunca sabré de ti.

Pero tampoco lo necesito, porque estás en la caja de madera de mi corazón.  

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