Salí del internado una mañana nublada, fría.
En los arriates, Juan, vendiendo papeletas con otros compañeros.
Me sentía generosa, les compré varias.
Salió el sol.
Decidí ir a dar un paseo a la rivera del Guadalquivir.
Delante de mí, un niño corría al lado de su padre, maravillándose de lo vacías que estaban las calles, pisando solo las baldosas rojas.
jueves, 14 de abril de 2011
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Excelente evocación.
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