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miércoles, 9 de enero de 2019

Las tonterías que se vinieron conmigo tras la separación

A veces, me recuerdo a ti. Veo esa huella que dejaste en mi personalidad, eso que yo adquirí de ti sin darme cuenta. O tal vez todo aquello que yo ya compartía contigo, pero que solo veía en ti.

Me sorprendo con un sentido del humor que llega de repente, entre la seriedad de los chavales de notable-sobresaliente de clase media de instituto público, esos que leen novelas de utopías y distopías. 

Me veo construida a partir de caídas, de las mías y de los que yo lancé al vacío con total impunidad. Me sé completamente diferente, sostenida por los recuerdos que he ido atesorando e idealizando a lo largo de estos años. Recuerdos que no me pesan y que romantizan a mi personaje.

Es ese personaje el que tiene algún pedacito de ti en su interior, el que gasta una broma boba, pero no evidente. Y entonces te veo a ti con mi diadema blanca puesta en los ojos y una mueca divertida en la boca mientras dices


"Hola, vengo del futuro para traerte un puto detergente"

sábado, 9 de junio de 2018

Rescatándote lo bueno de mi memoria

Me he puesto ha recordar mis primeros besos y con pena he caído en la cuenta de que algunos no los recuerdo. Otros, como el tuyo, no los había recordado más que dos o tres veces y ahora han vuelto a mi memoria. Y me paro a pensar que pocas veces he escrito aquí sobre ti, cuando fuiste una de las parejas que he tenido que me han dado más pequeños momentos felices y menos tragedias. 

Y aquí estoy, escribiendo esto, queriendo redimirme de ello. Pensando que mi atracción por ti se borró, cuando me di de bruces con tu inmadurez y con tu familia. Pensando que la vida habría de romper nuestra amistad y nuestro pequeño grupo de amigos, por ser tan tan tan diferentes, a pesar de haber nacido en la misma provincia. Porque más tarde me enamoré perdidamente e imposiblemente de otra persona. Pensado cómo después no querrías hablarme nunca más. 

Y por supuesto pensando en cómo nos empezamos a poner nerviosos cuando nos dimos cuenta de que nos gustábamos, cómo nos escurríamos en la residencia del otro, cómo cualquier plan se convertía en una buena idea contigo a mi lado, cómo devorábamos cualquier serie, cómo encajábamos nuestros cuerpos para dormir  cualquier hora del día, cuando no se nos ocurría nada que hacer, cómo adorábamos a nuestros amigos en común, cómo me apoyaste en los momentos difíciles y por supuesto, cómo nos besamos en tu coche, junto a la dársena, aquel febrero. 

martes, 3 de abril de 2018

Jugamos al pilla-pilla con 14 años

Tu imagen, la reencarnación de Jim Morrison, está atascada en un tiempo banal. Los 2000, que fueron ayer, son los 60 de verdad, lo de Estados Unidos, perdidos en nuestra rebeldía.

Hace mucho tiempo que no escucho música. No si es por falta de tiempo o por falta de ilusión.

"Hay cosas conocidas y cosas desconocidas y entre ellas... las puertas". Las puertas de la percepción.

¿Te acuerdas de cuando casi todo era desconocido? Parecía que hubiera un festival oscuro al otro lado de las puertas. Y rompíamos, discretamente, desde nuestra posición de adolescentes de la clase media, los moldes de la sociedad de nuestro barrio.

Pero claro, tus padres escuchaban Led Zeppelin. Así cualquiera.

Cuánto me hubiera gustado significar para ti lo que tú y el Classic Rock significásteis para mí.

Ahora soy todo lo que soñé ser. Todo lo que soy es Sevilla, es París, es Rennes, es Sevilla una y mil veces. Todo lo que fuimos es Córdoba. Todo lo que eres es Madrid.

Ya no sé lo que eres. Pero todo lo que fuimos también es parte de lo que soy. Gracias.

lunes, 22 de enero de 2018

Vivir sola

Estoy así porque los demás me ven de esa manera.

Por eso no quiero vivir con nadie, porque en la medida que se reflejan en alguien mis problemas, se intensifican.

No quiero que me ayudes, quiero estar sola. Porque en soledad es como se me desabrocha la chaqueta del personaje que me acompaña.

Y nadie me ve de ninguna manera. Así que estoy bien.

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En otro orden de cosas, ya he entendido que me odiabas. Antes de dejar de quererme, ya me odiabas con toda tu alma, ya te molestaban mis ires y venires, mis desenfados y mis bromas.
No podías soportarme. Y lo peor es que pensabas que me querías. A tu edad.

jueves, 11 de enero de 2018

Venecia

Antes de irme déjame decirte que recuerdo Venecia. Y lo hago no como la romántica y turísitica. La recuerdo en cierta manera como una ciudad normal, donde pasear por las calles desiertas, las de los tendederos de la gente que no puede comprar ni en los mercados abarrotados de visitantes porque no tienen dinero, las calles de las barquillas rotas.

Déjame decirte, sin que nunca te enteres, que Venecia es un laberinto de italianos normales haciendo carreras de orientación por la noche. Venecia es que le preguntes a una señora mayor que donde podemos comer, y que ella se asuste porque no le suele hablar nadie, que te ofrezca un plato de pasta.

Venezia è amarci col nostro italiano che non è perfetto, ma è nostro.

Venecia es tener una foto en la que me veo mirándote e imaginando un futuro juntos, es atraparte en un viaje de un día y sin hoteles. Es pedir un café en la barra de un restaurante caro, por la cara, y que la camarera te cuente cómo la ciudad está muriendo de éxito, como nunca más será lo que era.

Venecia nunca más será Venecia.


sábado, 14 de octubre de 2017

Pareciera que estás en blanco y negro

Es triste navegar en el mar de ceniza de tus recuerdos, donde no hay casi fotos, porque vivimos juntos una transición digital y revolucionaria de sentimientos. Estabas tan cerca de mi corazón que nunca necesité retratarte más allá de una foto de carnet, como hacían nuestros abuelos. Creo que perdí esa foto a propósito, en alguna cartera antigua. 

Y toco nuestros restos fosilizados como si de verdad estuvieras muerto. Y a veces sigo llorando, por puro placer. Y lloro porque querría volver a tener quince años y volver a quererte, porque nuestra Córdoba ya no existe y cada día quedan menos sitios donde imaginarte de mi mano. Y ya ni siquiera me acuerdo de la esquina de aquellos veinte duros donde me dijiste lo guapa que estaba. Joder, ya nadie dice veinte duros, igual que tú no solías decirme cosas superficiales. 


No te confundas, no estoy loca. Es que no me gusta hacerme mayor. 

jueves, 12 de octubre de 2017

Tu recuerdo sabe a madera


Hay emociones que me saben a madera. Me veo irrumpiendo en tu casa minúscula, en tu verde que contrastaba con mi naranja. He olvidado casi por completo como era la ilegalidad social de desearnos.  Porque nuestra casa de París nunca fue como ninguna de nuestras otras casas, que no sabían a madera.

Me sumerjo, instintivamente, en las sábanas de nuestro amor, que era nuestro cómplice y que destruyeron tus creencias. 

Y ahora estás casado. Tu pragmatismo quizá te haya hecho deshacerme y reconstruirme para tu comodidad. 

Y ya nunca sabré de ti.

Pero tampoco lo necesito, porque estás en la caja de madera de mi corazón.  

miércoles, 4 de octubre de 2017

A veces sonríe, creo

Ayer me preguntaron por ti, como si estuviéramos en tu casa. Y dije que no sabía nada, no quise dar más detalles.  Por dentro pensé "a veces sonríe".


Esta noche me crucé contigo en mis sueños, en el supermercado, mientras yo compraba cerezas. Te sonreía todo el cuerpo, y le hacía parecer más relajado, y eso te transformaba el mismo tiempo en más joven y más anciano. 

- Te veo,  bien, como más feliz.- Te dije con cariño.
- Eso ven todos, pero yo no puedo verme a mí mismo y, por tanto, no soy capaz sentirme de ese modo. - Contestaste impotente.

Reímos en cada esquina del centro comercial, y nunca me trataste mal. Eso me da paz.

Quizás sea verdad que eras un reflejo de mí misma.

viernes, 28 de julio de 2017

Felicidades o auguri

Creo que, de alguna manera, reprimes un grito y oprimes mi oído.
Una vez me dijiste que yo te conocía.  Eso me pareció cruel.
Creo que, en lo más profundo de tu ser, nunca quisiste que te conociera.
Una vez me dijiste que me echabas de menos. Y aunque fuese verdad, no lo era.
Creo que, dime si me equivoco, nunca quisiste sentirte responsable de amarme.
Una vez me dijiste que lo sentías. Eso me pareció frío, porque nunca intentaste ponerte en mi lugar.


Yo jamás te pedí nada.
Yo no te pedí que dedujeses sentimientos que no eran tales, sino maneras de recordarme quién soy.
Yo no te pedí noches en vela, tampoco te pedí que pararan.
Yo no quería tu perdón, yo no quería tu compasión, yo no quería ni siquiera conocerte.


Pero sí esperaba,  erróneamente, cohesión y coherencia.
Y aunque nunca percibí mentiras, me pareces deshonesto.
Y me pareces un cobarde.

Supongo que lo hicimos lo mejor que pudimos para no hacernos daño.
Pero yo sigo sintiendo que viví una farsa, de la que me siento enormemente responsable.




viernes, 27 de enero de 2017

Llanto, consuelo y desprecio

      Te amaba. Amaba tu ternura, amaba la fragilidad de tu espíritu. Amaba que te hicieras el fuerte escondiendo todo tu sufrimiento. Y, déjame decirlo, adoraba que derrumbaras frente a mí porque soñaba que podría rescatar al niño perdido que había en ti, para darte un nuevo comienzo.

      ¿Sabes cuál es el problema? Que tú soñabas lo mismo: con tu felicidad y no con la mía. Y yo te amaba, todos saben que lo hacía con fe ciega, como si fueras el terrible dios que amenaza a los judíos. Así fue como me enviaste directa al infierno.

      Te quise tanto que mis sueños no te olvidan, que aún me duele tu rechazo, aunque sea un rechazo camuflado de paternalismo. Tengo tus expresiones, tu esencia, tus modos taladrados en el cráneo, de adentro hacia afuera. Y es que, aunque tu cama la calienten mujeres, tengo la certeza de que sigues lleno de sentimientos que te acuchillan.

    En mis sueños voy a tu rescate, a susurrarte palabras de ánimo que malinterpretas para ridiculizarme, para darte la oportunidad de rechazarme una vez más, para crearme otra certeza: Que no he sido la que más te ha amado ni a la que más has querido.

     Pero el mundo se sigue moviendo bajo mis pies, en cada paso, recordándome la verdadera realidad cambiante. Te quise, y eso me hace a mí misma y a nadie más. Y no lo puedes entender. No comprendes que no te odio, que solo quiero evolución.

     

martes, 29 de noviembre de 2016

Ojoh verde verde

    Los ojos verdes de antes de ayer ayer me recordaron otros ojos verdes. Ojos verdes de hace años.

   Ayer recordé una foto en un móvil viejo, una foto perdida en la obsolescencia virtual. Ayer sentí como te cegaba la mirada un flash de una tarde tardía, que era noche por ser invierno. 

   Tenía esa imagen perdida en el cerebro, no recordaba ni que existiese. No me hace falta la foto, porque es increíble la nitidez con la recuerdo tu mirada profunda, a pesar de que tus ojos fueran verdes, tu sonrisa enorme, de chiquillo, y tu piel, casi más blanca que la mía. 

   Creo que fue la misma noche que pasó esto. Recurro a lo que escribí entonces y recuerdo un comentario olvidado. Qué tontería, tu ojos y tu mirada antigua, pero qué nostalgia. Estoy tan loca como las lágrimas que empañan mis ojos normales.

viernes, 18 de noviembre de 2016

¿Me voy ya?

    Sí, porque me pesan tus palabras. Son como arena artificial imposible de compactar, de una terrible densidad. Es un compuesto que se sedimenta en la fondo de mi vida. Son palabras que envenenan, destruyen cualquier buena voluntad que pase por encima. Son arenas movedizas con forma de compasión, encima de cadáveres podridos.

    Se imponen, quieren imponerse en mi carácter,  quieren llevar siempre, siempre, siempre, siempre, siempre, la razón. Por eso tú estás ahí, tirando piedras con forma de gominola en el alma de todos los que te rodean, con tal de sentirte seguro. Ahí estás pensando que eres el centro de mi dolor y victimizándote por serlo y no estar en mi felicidad. Por eso yo estoy aquí, sin comodines, sin salvavidas, siendo consciente del sufrimiento que me has causado (aunque  a ti te venga mejor pensar que es mentira). Aquí estoy, soñando, sin proponerme un objetivo, todas las canciones que me quedan por cantar.

    Vete a desafinar a otra parte con tu espectáculo de siempre. ¿O ahora te vas a dedicar a cuestionar a una persona cada vez más ajena a ti? Y quien no te conozca que te compre.

jueves, 27 de octubre de 2016

En el pueblo sin el pueblo

Sé cómo hablas de las mujeres y, por tanto, sé cómo hablas de mí.

Sé cómo hablas a las mujeres y, por tanto, ya no me siento especial cuando me hablas a mí.

Sé la diferencia que existe entre las otras mujeres y yo, para ti. Y sé que yace en mi actitud hacia ti y en ti, no en mí.

Soy fruto del azar. No intentes acerte creer otra cosa.

jueves, 1 de septiembre de 2016

All our love... to me, babe

       Led Zeppelin es otra de las cosas que para mí son tuyas. Que me transportan, me transforman, consiguen realmente que borre el tiempo,que reviva con claridad cada ápice de adolescencia. Que quiera ser yo, quiero decir, esa yo. Que lo sea. Y que Linux me genere, como siempre, sentimientos encontrados. 


¿Dónde estarás? Seguramente donde se quedó esa yo, que soy a ráfagas que no duran ni un segundo. Ojalá no lo sepa nunca.

lunes, 29 de agosto de 2016

Una respuesta que te di mil veces

     Era intenso, pero rara vez fue tierno. Tenía la sensación de estar en mi película de zombies preferida intentando quererlos a todos. No me gustaban, no me gustaban tus besos. Y tenían que gustarme "por cojones".

miércoles, 24 de agosto de 2016

Sigue funcionando

¿Qué despiertas en mí ahora que sonrío si te leo?
¿Qué pasa si tu crueldad ya solo me despierta ternura?
¿Qué ocurre si tu cara me resulta ajena?

Ocurren cosas maravillosas.
Pasa que puedo reciclar mis rincones.
Despiertas ganas de acariciarte el cabello y seguir mi camino.

Y es que la tía que vive dentro del móvil tiene toda la razón, cuando escribo tu nombre y me lo cambia a diminutivo.

lunes, 8 de agosto de 2016

Ojalá.

No sé si era tarde o era noche. Sé que estaba oscuro, o al menos lo estaba mi corazón. Tú, sentado en el sofá y yo, de pie, mirándote fijamente. En aquella oscuridad iluminada por un flexo te canté de cabo a rabo Ojalá, de Silvio Rodríguez.

Tú sonreías. "Qué bien cantas Mariquita".
Yo te estaba diciendo adiós.


viernes, 29 de abril de 2016

Preguntas a las respuestas que nunca me diste.

¿Qué eres si no una consciencia caduca?
¿Qué eres si no una sombra en el presente?
¿Qué habrías de importarme en el futuro, en tu muerte?
Cuando ya no tengas consciencia y tu sombra sea enorme.
¿Pero qué me importan a mí las sombras?
¿Y las consciencias? Si todas han de morir.

¿Por qué habría yo de mirar tus ojos que ahora me ignoran?
¿Tu sonrisa que se pavonea de la mía?
¿Por qué tengo que pensar que en realidad tu vida es miserable?
¿Por qué tengo siquiera que preocuparme de cuantas pobres desgraciadas has capturado en tu cama?

¿Cómo tengo que soñar para no preguntarme todo eso antes de despertar gritando?

¿Qué tengo que hacer para que me deje de importar que yo no te importe? Para aceptar que soy una sombra, que soy una consciencia y que fui simplemente una de esas desgraciadas a tu lado, y por ser una entre tantas, para ti no he sido nada, solo otro golpe autoinfligido en tu consciencia, que solo quieres olvidar.

Recuerdo que eres todo fachada, que lo has vuelto a ser. Que a fuerza de olvidarte me olvido a veces de quien eres en realidad. Que no eres alternativo, que no eres sensible, que no eres transgresor. Que llevas décadas aspirando a serlo y llevándote por delante a cualquiera que se te acerque.

Eres un monstruo vestido de guapo interesante, eres droga de la peor clase y no me voy a dejar arrastrar por eso. 

Intentas recuperar los años irrecuperables de tu vida que perdiste dejándote llevar por la inercia y refugiándote en el trabajo. Pero no puedes porque no tienes actitud, solo hechos aislados que no construyen, que no se pegan. No eres buena persona, ni siquiera eres simpático. Presupones siempre lo peor de las personas, menos de las que son lo peor, y luego reflejas todos tus errores en los demás.


Te adueñas del término justicia, diciendiendo lo que es justo y lo que no y abanderándote en la bondad. Y si eres cruel machacas días después al que te siga la corriente. Haces dogmas de justicia que no sabes seguir porque persigues algo que no buscas. Estás enfermo de autocrítica que no digieres, que vomitas sobre los demás.

Y yo soy yo, con mi poca paciencia, con mis sonrisas, con mis ideas, con mi mala leche, con mi humor ácido, con mi gratitud, con mi manera de enfrentarme al mundo, con mi manera de ser feliz y con mi familia (pase lo que pase). Yo soy yo, y gracias a que no quiero ser como tú, soy mucho mejor.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Estás siendo injusta

No te mereces mis sueños, ni mucho menos mis pesadillas.

No te mereces mi sudor por la mañana, ni mi respiro cuando me doy cuenta de que estaba soñando.

No te mereces mis recuerdos, ni te mereces mi sonrisa.

Y todo lo que te mereces: ser feliz, ser respetado, ser querido, ser apreciado, lo aplastas con la mirada distante.


No me merezco soñar con eso.

miércoles, 27 de enero de 2016

Réplica celeste

¿Qué hacías con una taza blanca mirando a ese lugar entre mis ojos y el infinito? Él me dijo entre risas que qué estaba haciendo, tan despreocupado de lo que pudiese sucederme  como siempre. Yo le dije que eras tú, pero no pareció importarle.

Ya no hablabas, tal y como prometiste. Estabas allí de casualidad, no esperabas encontrarme entre las habitaciones de los armarios y las conferencias. Ibas vestido igual que la sombra de la bicicleta y tus ojos eran como cuchillas de algodón. Te busqué desesperada pero disimuladamente y me esquivaste, como prometiste. 

Supongo que todo tenía que ver con los "Ojos de perro azul" de García Márquez que leí ayer. Y es que creo que si tu estabas soñando lo mismo, nunca lo recordarás. Y que este blog de sueños son mis "Ojos de perro azul".

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