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sábado, 24 de noviembre de 2018

Saliendo de Madrid

Madrid es una ciudad que suelo asociar con dolor de corazón. Porque te fuiste a Madrid para no regresar, porque cada viaje que hacías de vuelta era una derrota. 

Madrid guarda con celo mis pinturas favoritas, el Guernica y el Jardín de las delicias, y a mi mejor amiga.  

Madrid me gusta más que otras ciudades, porque es caótica y medio cercana. Y quizás porque no la entiendo bien todavía.

Madrid me produce confusión, y es el punto de partida de decisiones terribles, de viajes que por segunda vez parten hacia el sur en lugar de hacia Francia.

Dicen que vivo en un lado dorado de Francia, donde los días se me pasan grises, donde por primera vez en mucho tiempo vuelvo a escribir, y le vuelvo a escribir a un fantasma. El otro día vi tus zapatos y tus pantalones, y reviví una despedida en tu portal, de hace más de diez años.

He estado escribiendo y borrando líneas todos estos meses, impulsada por el miedo, por las consecuencias de unas palabras que no hacen más que expresar mis sentimientos. Son palabras perdidas, en cualquier caso. 

Y creo que, como me dijo una antigua amiga, las cosas que hacen que la gente se enamore de mí, son las mismas que luego las desesperan. 

A todos les gustaba mucho mi libertad. 

jueves, 2 de agosto de 2018

Pequeño recuerdo de la ciudad universitaria

Me gustaría tener quince años y sufrir como entonces. Me gustaría volver a aquella tormenta eléctrica en París en 2014. Todos estaban en la gran explanada. Un rayo podría caer en cualquier momento. Pero la probabilidad estaba de nuestro lado y yo no echaba la primitiva.

martes, 19 de junio de 2018

Solitude

Me pregunto si piensas en mí mientras recorro las calles de una ciudad extraña. Actúo, actuaba, como si presenciaras cada paso, cada raya que evito entre los adoquines. Sé que no te voy a encontrar a la vuelta de la esquina, pero quizás te encuentre arriba, en una ventana.  Vivir alternadamente me ha hecho aprender a hacer mío el suelo. El aire sigue siendo muchas veces raro.

Me siento autónoma, a la fuerza sonriente. Miro las casas antiguas y me imagino que ninguno de mis antepasados puede recordarlas. Entro en el supermercado a que se me pasen los minutos. Bonjour, madame. Merci bien. Passez une bonne soirée. 

Se hace de noche. A ese cielo no tengo que hacerlo mío. Es el mismo que el tuyo. Es el que empequeñecía nuestros problemas, cosa que yo no entendía. Ya sé que no me espías, que no me estarás viendo. ¿Me estarás pensado quizás, durante una milésima de segundo? ¿Te acordarás alguna vez de la noche del eclipse? Yo llevaba un vestido morado y tú la camiseta verde clarita, creo. 

¿Quién se acordará de mí, en el próximo minuto, mientras vuelvo a empezar de cero?

martes, 3 de abril de 2018

Jugamos al pilla-pilla con 14 años

Tu imagen, la reencarnación de Jim Morrison, está atascada en un tiempo banal. Los 2000, que fueron ayer, son los 60 de verdad, lo de Estados Unidos, perdidos en nuestra rebeldía.

Hace mucho tiempo que no escucho música. No si es por falta de tiempo o por falta de ilusión.

"Hay cosas conocidas y cosas desconocidas y entre ellas... las puertas". Las puertas de la percepción.

¿Te acuerdas de cuando casi todo era desconocido? Parecía que hubiera un festival oscuro al otro lado de las puertas. Y rompíamos, discretamente, desde nuestra posición de adolescentes de la clase media, los moldes de la sociedad de nuestro barrio.

Pero claro, tus padres escuchaban Led Zeppelin. Así cualquiera.

Cuánto me hubiera gustado significar para ti lo que tú y el Classic Rock significásteis para mí.

Ahora soy todo lo que soñé ser. Todo lo que soy es Sevilla, es París, es Rennes, es Sevilla una y mil veces. Todo lo que fuimos es Córdoba. Todo lo que eres es Madrid.

Ya no sé lo que eres. Pero todo lo que fuimos también es parte de lo que soy. Gracias.

jueves, 1 de marzo de 2018

Venga

De mi desilusión nace la fascinación por la tergiversación de la memoria. De mi decepción, el autoconvencimiento de que el pasado es inmutable. También creo que los locos de hoy éramos los engañados de ayer. 

- Siento que no estés bien, puta loca.
- Gracias, gracias.

No me escuchas, no me quieres. 

Y lo que pasa con quien piensa que el amor es algún tipo de juego, con quien nos usa como fichas de un tablero, es que, no puede ganar siempre.

- "Todo lo que juegues, dalo por perdido."
- Dame por perdida, imbécil.

martes, 17 de octubre de 2017

Una vez tuve una especie de cómplice

¿Sabes que cuando te confundes en mi masa dejas, en cierta manera, de ser especial? Porque esto es un registro de deshechos, de miserias, de intenciones y a veces hasta de hipótesis.

Cuando te concedo el poder de estar aquí, dejas de ser mi amigo, dejas de ser para siempre, empiezas a ser pasado. No sé, a lo mejor estás en un para siempre diferente, ese que está en los libros pero que no está en la vida. 

Ya veo como se difuminan las escenas de otra etapa de mi vida, tan inconstante, tan desvanecida como todas las demás.


¿Quién llegó siquiera a mirarme por dentro? ¿Quién creyó habernos desentrañado? ¿Quién se decepcionó?

Qué sorpresa. Al final solo era una persona normal. Y eso siempre te rompe los esquemas.

Me acuerdo de cuando fui una persona normal, tan normal como desnuda, tan desnuda como sonriente, tan sonriente como tranquila. Solo me hacía falta una sombrilla y una playa. Y no pude hacer nada por no destruirlo.

Pero eso no tiene nada que ver contigo.

sábado, 14 de octubre de 2017

Pareciera que estás en blanco y negro

Es triste navegar en el mar de ceniza de tus recuerdos, donde no hay casi fotos, porque vivimos juntos una transición digital y revolucionaria de sentimientos. Estabas tan cerca de mi corazón que nunca necesité retratarte más allá de una foto de carnet, como hacían nuestros abuelos. Creo que perdí esa foto a propósito, en alguna cartera antigua. 

Y toco nuestros restos fosilizados como si de verdad estuvieras muerto. Y a veces sigo llorando, por puro placer. Y lloro porque querría volver a tener quince años y volver a quererte, porque nuestra Córdoba ya no existe y cada día quedan menos sitios donde imaginarte de mi mano. Y ya ni siquiera me acuerdo de la esquina de aquellos veinte duros donde me dijiste lo guapa que estaba. Joder, ya nadie dice veinte duros, igual que tú no solías decirme cosas superficiales. 


No te confundas, no estoy loca. Es que no me gusta hacerme mayor. 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Dos horas y diez minutos

Esto es una burbuja, o un árbol de varios niveles. No, una burbuja. Me importa lo que quiera estar más allá de ella, me importa lo que la atraviesa. El plano es el siguiente:

Fuera de ella: "I can see you crystal clear."
Atravesándola: Casi puedo tocarte.
Una vez dentro: "Tu n'es jamais été là."

Entonces me encuentro en la situación anterior, viendo una burbuja aún más pequeña. Parece que la película jabonosa está dotada de un curioso efecto lupa. ¿Qué te importa? Dime. ¿Qué es para ti la importancia? ¿Me ves o no me ves a través de todas esas pompas protectoras? ¿Quién te ve a ti?


Yo sólo sé que aquí fuera todos dicen que hace frío, pero me estoy asando de calor. Quizá me estoy aclimatando a ir y venir. Tal vez yo no sea más que una inmensa burbuja con solo una capa, una capa muy importante.

martes, 25 de octubre de 2016

Otra epifanía

Camisas.
Planchar las camisas.
Doblar las camisas.
Y de repente estar muchísimo más que antes.
Por no estar en absoluto.
Jajaja. En entornos electorales.

Yo no uso camisas de rayas.
Y ya solo plancho si me sobra tiempo.
Perdón, si te sobra tiempo.

sábado, 27 de agosto de 2016

En realidad solo estoy cansada

Llévame con el viento. Llévame con las algas.

LLévame.

LLévame.

Como si la LL fuese de nuevo una letra, una sola. O la CH.

Mis diccionarios obsoletos que tuve que cambiar, en realidad siguen conmigo, Son una copla de Doña Concha, que arremeten contra lo que debería ser, contra lo que afirmo que es mi manera de pensar.

Escucho una nota, un mi que se transforma en ti.

¿Qué he hecho? Dios tuyo, ¿qué he hecho con nuestros besos y abrazos? Los he confundido con el ruido, los he usado para odiar un poco menos la copa de cerveza que tenía que delante, que  he aceptado a regañadientes, serrándome la espalda, como mi amigo.

Mi bicicleta iba muy rápido, sin coches ni semáforos que la detuvieran. No he sido capaz dejarla en el local vélo.


lunes, 8 de agosto de 2016

Distracción para no vivir más allá

      No quiero buscarla. Sé que la encontraría. Sé cómo lo haría.  No quiero que se apodere de mí Marzo. ¡Marzo en Agosto! ¿Pero esto qué es? Y al mismo tiempo me buscan otras identidades, se presentan ante mí buscando respuestas que no puedo dar, porque soy demasiado egoísta, demasiado insegura. 

       Tengo miedo de Marzo de 2015. Quiero una colchoneta, no sé si esa colchoneta que sé tienes. Parece que no quiero aprender de mis errores. Quiero equivocarme igual pero sufrir menos. Tengo poco tiempo para volver a vender mi alma. Tengo poco dinero real, el resto lo aposté, no sé muy bien a qué juego ni a qué resultado. 

         En bádminton siempre jugaba mixtos, siempre mixtos. A veces dobles. Jugar sola no era para mí, o supongo que eso pensaba mi entrenador. Jugar sola no es para mí y sin embargo aprendo a hacerlo en cada palabra que escribo, en cada segundo presente en el que me veo. 


         Necesito un problema que me interese. Eso está claro.

sábado, 30 de julio de 2016

Del refugio de tu axila al recuerdo del banco oscuro de tus ojos verdes.

Te huelo en mi sudor más repugnante, como una especie de metáfora real. Ya sólo siento sábanas rojas y verano desnudo. Solo escucho turistas por la ventana, solo vuelvo a ver la lámpara del techo. Es que a fuerza de buscarte me aprendí la habitación de memoria. Me aprendí el fondo de los cajones, aquellos sitios donde yo era lo que menos importaban, donde estoy ahora, seguramente,  junto con las decenas de cosas que nunca te atreviste a tirar.

Ya no veo lágrimas,  creo que lloraba sudor. Y no te veo a ti, o quizás te veo demasiado. Porque solo veo imágenes enfermizas, llenas de polvo, tanto por fuera como por dentro.

Al mismo tiempo me desdoblo y dejo de referirme a ti para volverme a envolver en aquellos problemas que alguien me dijo que me abrazaban. Es así.  A mí,  en este contexto, los problemas me besan y me abrazan, me hacen desearlos desesperadamente tranquila, buscando una aventura, o irrevocablemente desquiciada, buscando un refugio.

El hecho es que estoy en ese bit en el que no quiero un refugio.


A veces pienso qué hubiera pasado si Madrid no existiese,  o si todo fuese Madrid.

martes, 21 de junio de 2016

Clic clic

El día está en un entorno de cualquier día de elecciones. La hora, muy temprano. Un clic deshace otro clic. Sólo hay que aprender a que el segundo clic no se vaya de madre y listo.

Hay unos dedos que me recuerdan a los que colgaron unas teclas entre dos edificios cualquiera de Venecia y los coloreó de amarillo. No tienen nada que ver. Aunque quizá  tenga que ver con todo. Quizás me estén mandando señales de fracaso en forma de dedos, o de mensajes por la mañana, en entornos electorales.


lunes, 14 de marzo de 2016

Rayito

       Cuando voy a la facultad y me creo que voy al colegio o al instituto, y me creo que la radio de mi móvil es mi mp3 al que le cabían cien canciones.

       Cuando me siento chica, me siento yo, Mariquilla Turruete. Me lo veo en los ojos en el cristal de un coche. Ningún huracán ha pasado por mi corazón y todo se le antoja nuevo.

        En ese momento lo he olvidado todo. Esté en Francia o Andalucía, cada calle será siempre mi barrio de Córdoba, en dónde cada paseo era la mayor aventura.


Ahí se asoma mi parte más bonita, más pura y feliz.  La que te quería solo en forma de ilusión infantil.


¿Qué les pasaría a mis amigos del colegio?

miércoles, 5 de agosto de 2015

Una casa para mi cerebro

Un soporte.
Un axioma.
Una salida.
Una ventana.
Una vela.
Un soplido.
Una carretera.
Una utopía.
Una distopía.

O una autonomía que no tengo.
O un portazo que ya no puedo dar.
O sueño que me abraza y me apuñala.
O un volver a empezar cada mañana.
O un cerrar los ojos cada madrugada.
O una casa teselada de atardeceres.

Y comprender de nuevo lo que habías olvidado,
denunciada por tráfico de sufrimiento.

miércoles, 17 de junio de 2015

Mira qué pone en esa piedra

Sabes que no tengo armas, ni boca, ni tacto. Sé que dentro de mí hay un vacío lleno de palabras que no pueden salir. Hace seis años me dije "cállate, niña tonta" desde una nube de estabilidad.

Quizás me calle. Quizás ese espacio sea solo para mí y para una piedra sin ética y sin moral. A lo mejor me como la piedra. Puede ser que me atragante.

...

Ahora la roca es parte de mi ser. ¿No la quieres? Es yo y es interna y extrínseca. Está bien, la guardaré en mi estómago.

Supongo que es un error que me guste el  arte antiestético. Pero la subjetividad del error es increíblemente bella. Lo que pasa es que está escrito en la roca visceral.

lunes, 20 de abril de 2015

Ejercicio

Movimiento inerte
estrechando su camino.
Hola y adiós,
anteponiendo mi
cabeza a mis
entrañas con
suturas.
Solitarios cantantes
en mi adolescencia,
neutral ante su suicidio,
todavía resonando
inerte,
rezagado.
Quiero
usurparme
el destino.
Nunca supe interesarme en vosotros,
obcecada en la filosofía.
Entramado de
sonidos
tormentosos
obsoletos,
ya fenecidos.
Secos y
olvidados
los abriles,
amargos como sus rosas.
Erigidos mis principios en el
norte de mis pasiones.
Extinguidos mis deseos en la
latitud más escondida.
Me da miedo
una verdad a medias
nacida de mis adentros,
dormida en la
oscuridad.





jueves, 16 de abril de 2015

Vacío para la nada.

El vacío siempre es un término que uso con connotaciones negativas, pero hoy va a ser diferente. He encontrado un vacío que rellena y envuelve otro, un vacío indiferente, estable, tan anodino como pacífico. No reverbera, no hay ecos que valgan. Lo engulle todo junto con la ansiedad. Es denso, pastoso, tapa las grietas.


Cojo vacío, lo absorbo. Descanso. 

domingo, 29 de marzo de 2015

Sosegándome el corazón.

Tengo que remontarme atrás en el tiempo. Tengo que ponerme un pichi de pana de pasear por los jardines de la Victoria. Tengo que ir a ver nacer a mi hermana. Tengo que ser pura, cristalina, cordobesa. Tiene que no haber nada en las nubes. Por favor, que no haya nada allá arriba.

Tengo que simplificar más aún mi vida. La vida es simple, somos nosotros los que nos la complicamos. La trayectoria es básica. Pero la simplicidad me acerca a la muerte que tanto me aterra. Se me está yendo de las manos la cabeza. 

Tenía que haber dejado pasar el tiempo prudencial de duelo. Tendría que haber dejado que luchasen por mí, después de tanto tiempo peleándolo todo por creer en el amor. Ya sabía lo que era el amor. He querido tan bien y con tanta dedicación. Me he sentido tan querida y tan diferente. Y aunque esas diferencias hayan terminado por rompernos, él me hacía sentir segura. Ahora no puedo confundir el ocio con mi vida, no puedo aferrarme a la búsqueda de mi sonrisa fácil.  No me gusta la persona en la que me conviertes, ni los sentimientos que me despiertas. Odio que jueguen conmigo, y odio que en realidad no lo hagas. No me dejo avanzar, y tú tampoco. Y no lo sabes. O no te importa. (Disyunción no excluyente)

En ocasiones siento paz. Hoy por primera vez en el año, la noche ha sido veraniega. El calor me sofocaba de manera tenue los hombros, la brisa me alegraba las mejillas. Eso es independiente de mi corazón, puesto que eso siempre ha sido así, desde que tenía mi pichi de pana. Es embriagador, es mi pasado en el presente, es la certeza de lo imperturbable de la naturaleza, del tiempo. Es algo que siempre me acompaña. Me he puesto mi vestido nuevo, corto, de tirantes. Me he cruzado con decenas de miradas. He sentido que me merecía esta tarde-noche, que era solo para mí. 

Voy a simplificar mi vida, voy a tomar el caso mejor y a programarla con el algoritmo de mínima complejidad, el de la brisa nocturna. 

martes, 24 de marzo de 2015

A mis Marzos.

Marzo de 2015 se me está pareciendo demasiado al de 2010. En este diario, tan poco diario, me leo y es tan parecido lo que siento ahora a lo que sentí entonces. Tan tontas emociones, tan idolatrada la nada... Tan sola, tan acompañada. Pocas personas persisten en mis momentos, si acaso un querido amigo, una hermana, una segundo plano que sigue igual de borroso, un recuerdo baldío más desdibujado que antes.

Te pareces tan poco a ese Marzo, Marzo, pero me provocas lo mismo. No te alejas en un tren, y puedo elegir enfrentarme a tus días, pero eres tan frío que solo me produces líneas en mi cabeza. Me recuerdo siendo una pantera que caminaba a las cuatro de la tarde, calle abajo, hacia Cruz de Juárez. No sé adónde iba, ni que iba hacer, pero sé que reprimía mi sufrimiento, me lo estaba fagocitando, me estaba sintiendo fuerte, aunque herida. El sol era sucio, formaba una neblina de luz oscura mientras yo componía alguna instrucción de uso. 

Qué diferente mes un lustro después. Porque entonces fui yo quien  vio devuelta en forma de agujas su tremenda valentía, y ahora me he dejado arrastrar por los alfileres. Pero debo verte, Marzo, para que llegue Abril, mi cumpleaños, la feria, y la brisa de por las noches. Abril siempre me acoge, confío en él, en el césped, en la luz limpia, en los resquicios que quedan entre el follaje. Y puedo mirar hacia arriba, como antes, a las copas de los árboles que me hacen sentir tan mundanamente pequeña, sin que me haga falta mirar a la luna o a las estrellas. Las hojas que se mecen con la brisa que anuncian que el calor está llegando, que está llegando el momento cerrar los ojos y respirar.

Ay Marzo, sé bueno conmigo esta última semana.

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