viernes, 4 de marzo de 2016

Otro Marzo

     Hola Marzo. Ya estás aquí otra vez para enfrentarme conmigo. Me recuerdas que se escurren por mis piernas mis planes de futuro manchados de sangre limpia. Me haces soñar con lo perdido y con lo que no tendré. Rompes mi camino, pones una valla y me diriges hacia más y más encrucijadas que son mi vida, que son mi mente.

     ¡Ay, Marzo! Te me antojas un mes de otoño, pero limpias el invierno y liberas todos los osos pardos que estaban dormidos. ¡Qué incómodo eres, Marzo! Otro año, y otro, y otro más, y yo solo tengo veintitrés. 

     Mayea en mí alguna vez. 
 

martes, 1 de marzo de 2016

Cómo he salido de una relación tóxica.

Sabes que cuando estoy triste escribo. Que lleno este espacio de palabras en vez de un cuaderno. Que mis amigos, los de verdad, a veces buscan aquí mi parte más oscura. Pero estos meses me robaron tanta felicidad que me han robado hasta parte de la tristeza. Estaba tan preocupada por todo que apenas si pude preocuparme por escribir.  Y ahora me siento en la obligación de escribir esto porque sé que hay muchas personas que están pasando por una relación como la que yo acabo de pasar y que no se atreven a dar el paso.

Mi vida ha estado llena de negatividad, de losa sobre losa, de palabras que duelen y silencios que matan. Falta de miradas, de caricias, de cariño, de fuerza, de dulzura y de apoyo. Me he cargado de responsabilidades que no son mías, de infelicidad que no he absorbido, sino duplicado. He regalado amor correspondido con monosílabos. Me he desesperado, he suplicado por las migajas del amor que, según él, le sobraba. He querido ser la solución a un problema mal planteado. 

Entonces se acabó, dejé de sujetar la carga tan pesada de nuestra relación y todo se vino abajo, porque hacía ya tiempo que él solo miraba, dejándose querer, carcomido por la depresión que le producía que yo no fuese la figura idealizada de sus sueños. ¡Qué miedo daba que todo lo que estaba sujetando se me viniera encima! Por eso quizás tu aguantas también esa carga, esa dependencia. Pero cuanto más aguantes, más peso vas a tener sobre tu hombros. Y no, no te preocupes, nada va a caer sobre la otra persona, porque se alejó de la sombra de esa carga hace tiempo.  

Se derrumbó sobre mí, sí. Me ahogó. Pero las heridas se sanan con el tiempo. Y me siento triste pero aliviada. Porque hay algo que he aprendido. Que la felicidad, sobre todo en una relación de pareja, es algo momentáneo. Que hay que esforzarse por ser feliz, valorar las cosas buenas y regalar esa felicidad a los demás. Que cuando no haces ese esfuerzo, que quizá no lo sea tanto, te hundes como quien deja de mover los pies en el agua.  Que si te resignas a ver a los demás sufrir solo encontrarás sufrimiento en ti mismo. 

Sé que haré todo lo posible para no ser así y he aprendido que no quiero en mi vida a personas que no busquen la felicidad en ellos y en los demás. No quiero personas que solo lloren por su infelicidad y la que causan a los demás en lugar de aprender y subsanar sus errores.  No quiero a nadie que vuelva la cara ante las lágrimas que provoca para no sentirse mal.

Quiero a personas que sean el motor de sus vidas, que no necesiten a nadie que tire de ellos para vivir. No quiero que nadie me deba nada emocionalmente o que sienta que yo le debo algo. 

Tú, haz lo mismo. Sal de ahí. Aprende a quererte y a ser feliz por ti mismo. Y después, busca personas positivas, que te valoren y, lo más importante de todo: Valora a esas personas y fomenta tu relación con ellas, no las pierdas.

Y no, no estoy mal. Porque sé que cuando vuelva a amar, amaré y me amarán mejor. 

sábado, 27 de febrero de 2016

14 de febrero

14 de febrero de 2016

Ni siquiera me regalas tu cara,
tu expresión indiferente,
y tiene que llegar la mañana
para que me enseñes tu frente.

Me duermo mirando tu nuca,
sin tener tu abrazo.
Intentando no molestarte nunca
para ser digna a veces de tu mano.

Me acerco a ti todo lo que puedo,
oliendo el tierno refugio
de un trocito de tu piel
como un perrito se acurruca
junto a su dueño.

Nueve de febrero

Nueve de febrero de 2016.

Atesoras tu sufrimiento, porque no cuesta nada. Hundirse en tus miserias es gratis.

"Sácame, porque yo no te pienso sacar de las tuyas. No me importan nada tus problemas, estoy demasiado ocupado en mi tristeza. Sé feliz por los dos, y yo ya veré si me permito el lujo de hacerte sonreir de vez en cuando. ¡Ah! pero yo no te estoy pidiendo nada, tú puedes hacer lo que quieras. Solo me encargo de que sepas las consecuencias de que te hundas conmigo. Huiré de ti en cuanto te des la vuelta. Triste y desolado. Y siempre por tu bien."

Que espantosa careta de felicidad y ternura te pusiste, haciendo sinónimos la fidelidad y el compromiso. Como un camello, me diste una buena dosis de droga para luego cobrarme por dosis pequeñitas, que solo me hacen agotar mis recursos para conseguir más. Y si un día desfallezco y decido estar sobria...

"¿Qué te pasa? Estás más rara..."

Y si te digo que me pasa te estoy atacando, te estoy desanimando. Estoy tan cansada...

miércoles, 27 de enero de 2016

Réplica celeste

¿Qué hacías con una taza blanca mirando a ese lugar entre mis ojos y el infinito? Él me dijo entre risas que qué estaba haciendo, tan despreocupado de lo que pudiese sucederme  como siempre. Yo le dije que eras tú, pero no pareció importarle.

Ya no hablabas, tal y como prometiste. Estabas allí de casualidad, no esperabas encontrarme entre las habitaciones de los armarios y las conferencias. Ibas vestido igual que la sombra de la bicicleta y tus ojos eran como cuchillas de algodón. Te busqué desesperada pero disimuladamente y me esquivaste, como prometiste. 

Supongo que todo tenía que ver con los "Ojos de perro azul" de García Márquez que leí ayer. Y es que creo que si tu estabas soñando lo mismo, nunca lo recordarás. Y que este blog de sueños son mis "Ojos de perro azul".

martes, 26 de enero de 2016

La defensa automática

Ayer soñé que me despedía de un hombre y que se me encogía el corazón. Soñé que quería cantar conmigo, pero no bailar. Quería mirarme a los ojos, pero no beberme. Tenía la certitud del que sabía que ya había muerto. Me levanté con una tierna amargura en el pecho que me acompañó todo el día.

Hoy he soñado con que tres hombres me llamaban por teléfono y que otro, desde la indiferencia, miraba la pantalla de mi móvil. El indiferente no te importa, porque no sabes quién es, ni a mi me interesa que lo sepas. La última llamada perdida era del último del que supiste y los otros dos eras tú. Y escúchame bien, no eran dos llamadas, eras dos personas. 

Dos personas diferenciadas eran tú y me habían llamado. Una eras tú y otra tu sombra, creo. Me planteé brevemente si devolvería alguna llamada, y digo brevemente porque concluí que sí en pocos segundos que te llamaría a ti. El problema es que no sabía a quién telefonear. 

Desperté y cogí mi bicicleta. Entonces, como respondiendo a mi llamada, tu sombra me adelantó en la suya. Tu sombra de Peter Pan que me persigue a veces dormida y a veces despierta, que existe en mis sueños y en el peinado de un ciclista, en los ojos de algún matemático y en la amplia sonrisa de los inocentes.   

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