14 de febrero de 2016
Ni siquiera me regalas tu cara,
tu expresión indiferente,
y tiene que llegar la mañana
para que me enseñes tu frente.
Me duermo mirando tu nuca,
sin tener tu abrazo.
Intentando no molestarte nunca
para ser digna a veces de tu mano.
Me acerco a ti todo lo que puedo,
oliendo el tierno refugio
de un trocito de tu piel
como un perrito se acurruca
junto a su dueño.
sábado, 27 de febrero de 2016
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