domingo, 30 de octubre de 2011
Un año y medio después
Sé que te enamoré, aunque solo fuese por unas horas, o unos pocos minutos.
Pensado (o soñado) por
María
a
domingo, octubre 30, 2011
miércoles, 26 de octubre de 2011
Pensaba en la Supuesta Cuarta Dimensión Física
No sintió miedo todas las veces en las que se había dicho que ya era demasiado tarde para volver atrás, sintió miedo en el único momento en el que se dio cuenta de que nunca en el pasado (y muy poco probablemente en el futuro) pudo ni podría regresar.
"Quizás el exceso de ficción nos haya provocado olvidar que, en la práctica, el tiempo que nos corresponde es lineal."
Pensado (o soñado) por
María
a
miércoles, octubre 26, 2011
sábado, 15 de octubre de 2011
Midnight in Paris
-Y cuando ha hecho el amor con ella, ¿siente una pasión bonita y veraz y al menos en ese momento, pierde el miedo a la muerte?
- No, no suele ocurrirme...
- Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte. La cobardía viene de no amar, o no amar bien que es lo mismo. Y cuando el hombre que es valiente y veraz mira cara a cara a la muerte, como cazadores de rinocerontes que conozco, o Belmonte, que es valiente de verdad, como aman con suficiente pasión, apartan a la muerte de su mente, hasta que vuelve, como hace con todos los hombres. Y es hora de volver a hacer el amor de verdad...piénselo bien.
Midnight in Paris (2011)
- No, no suele ocurrirme...
- Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte. La cobardía viene de no amar, o no amar bien que es lo mismo. Y cuando el hombre que es valiente y veraz mira cara a cara a la muerte, como cazadores de rinocerontes que conozco, o Belmonte, que es valiente de verdad, como aman con suficiente pasión, apartan a la muerte de su mente, hasta que vuelve, como hace con todos los hombres. Y es hora de volver a hacer el amor de verdad...piénselo bien.
Midnight in Paris (2011)
Pensado (o soñado) por
María
a
sábado, octubre 15, 2011
martes, 11 de octubre de 2011
Extraños Poderes
Jesús me informó de ello, mientras paseábamos por una calle cercana al parque del pueblo. "¿Sabes que todas las personas tenemos una frase que hace que sucedan a nuestro alrededor cosas extrañas? Solo con que tú la oigas ocurre."
- ¿De verdad? ¿Cuál es la tuya?- Respondí asombrada
Pero Jesús se negaba a decírmela, decía que era demasiado peligroso. Finalmente optó por decirme la mía propia, aún a riesgo de desconocer los efectos que pudieran surtir. "La tuya es..'Que te den'" ¿Que pasaría si lo dijese? No lo pude resistir y lo grité a los cuatro vientos.
Por lo visto, el efecto de mi frase era que volcaban los dos edificios que tuviese en frente de mí y el último de la calle. Un efecto bastante nefasto. Desee no haber tenido nunca conocimiento de ese poder y me tomé un descanso en un hotel de lujo.
Por desgracia descubrí unos ascensores llenos de fruta y señoras haciendo aeróbic que no me gustaron nada y acabé cogiendo un autobús de línea para marcharme de aquel lugar espantoso. Este autobús me llevó hasta el centro de una gran ciudad.
Justo allí, un señor mayor empezó a insinuarse. Yo quería rechazarlo pero temía una fatídica respuesta. así, intentaba darle largas hasta que se percató de que le estaba dando calabazas y me dijo: Sí, pues que te den.
-¡NO! -Grité, y salí del autobús en marcha tan rápido como pude. No poría parar los efectos de la frase y no sabía que sucedería pero pronto ocurrió. El autobús del que me había bajado volcó, y también otro edificio. Pude escuchar como algo al final de la calle también se derrumbaba y el caso se instauró como nuevo régimen en la zona.
Al mirar al autobús, podía ver a la gente quemándose y echándome la culpa del final de sus vidas. Era mi poder... no lo había pedido ¿por qué no me podía haber tocado en el reparto otro más bonito?
- ¿De verdad? ¿Cuál es la tuya?- Respondí asombrada
Pero Jesús se negaba a decírmela, decía que era demasiado peligroso. Finalmente optó por decirme la mía propia, aún a riesgo de desconocer los efectos que pudieran surtir. "La tuya es..'Que te den'" ¿Que pasaría si lo dijese? No lo pude resistir y lo grité a los cuatro vientos.
Por lo visto, el efecto de mi frase era que volcaban los dos edificios que tuviese en frente de mí y el último de la calle. Un efecto bastante nefasto. Desee no haber tenido nunca conocimiento de ese poder y me tomé un descanso en un hotel de lujo.
Por desgracia descubrí unos ascensores llenos de fruta y señoras haciendo aeróbic que no me gustaron nada y acabé cogiendo un autobús de línea para marcharme de aquel lugar espantoso. Este autobús me llevó hasta el centro de una gran ciudad.
Justo allí, un señor mayor empezó a insinuarse. Yo quería rechazarlo pero temía una fatídica respuesta. así, intentaba darle largas hasta que se percató de que le estaba dando calabazas y me dijo: Sí, pues que te den.
-¡NO! -Grité, y salí del autobús en marcha tan rápido como pude. No poría parar los efectos de la frase y no sabía que sucedería pero pronto ocurrió. El autobús del que me había bajado volcó, y también otro edificio. Pude escuchar como algo al final de la calle también se derrumbaba y el caso se instauró como nuevo régimen en la zona.
Al mirar al autobús, podía ver a la gente quemándose y echándome la culpa del final de sus vidas. Era mi poder... no lo había pedido ¿por qué no me podía haber tocado en el reparto otro más bonito?
Pensado (o soñado) por
María
a
martes, octubre 11, 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
Principio y final, pero sobre todo principio
Inicios pasados que ilusionaron y que en el presente solo desatan melancolía.
Solemos pensar con tristeza, incluso con rencor, en lo finales, pero pocas veces en los comienzos. Quedan tan atrás, tan borrosos, demasiado especiales como para recordarlos.
Es como leer el maravilloso comienzo de un libro del que ya te han destripado el final y sabes que no acabará bien. Nunca quieres pasar de la primera página pero es inevitable, el viento siempre llega y, o las pasa una a una o las arranca de cuajo. Qué viento tan fuerte debiera ser este último ¿no?
Solemos pensar con tristeza, incluso con rencor, en lo finales, pero pocas veces en los comienzos. Quedan tan atrás, tan borrosos, demasiado especiales como para recordarlos.
Es como leer el maravilloso comienzo de un libro del que ya te han destripado el final y sabes que no acabará bien. Nunca quieres pasar de la primera página pero es inevitable, el viento siempre llega y, o las pasa una a una o las arranca de cuajo. Qué viento tan fuerte debiera ser este último ¿no?
Pensado (o soñado) por
María
a
jueves, septiembre 29, 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
Agradecimiento
Gracias por dejar que te odie un poquito.
Pensado (o soñado) por
María
a
martes, septiembre 20, 2011
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