miércoles, 15 de enero de 2020

Un tesoro de segundos

He creado un segundo
aquí mismo,
bajo tus pies,
sobre la mesa
para mis amigas.

Se destruirá en el segundo siguiente
o quizás, con suerte,
perdurará en una conciencia,
tal vez la mía
nunca la de mi abuela.

Puede que permanezca y no
al ser alterado:
romantizado
o envenenado por un corazón roto

Un tesoro de segundos,
de flashes en mi memoria.
Una moneda para brindarte
que se desvanece genéricamente.
Un brindis por retrasar la muerte
de los instantes eternos.

martes, 24 de septiembre de 2019

Metatexto

Me cuesta mucho escribir en mis periodos de felicidad. Parece que solo la cuerda de la tristeza guía mi manos desde la cruceta de las emociones. Me pregunto si solo sé escribir reproches, amores imposibles. Por qué es un necesidad de terapia para mí. y no un regalo, por ejemplo, para el hombre que duerme a mi lado.

Hace unos meses mi hermana nos regaló, a ella y a mí, un cuaderno enorme y precioso, donde escribirnos la una y la otra. Y nos cuesta horrores escribir. Quizá porque es difícil escribirle a alguien que no seamos nosotras mismas o no sea un desconocido. 

Escribir la tristeza es dual y contradictorio.  La eterniza para el mundo y la borra para ti.

Después de diez año escribiendo en este blog, vuelvo la vista atrás y me pregunto: ¿Es realmente esta la persona que quiero que recuerden? ¿Esta María rota, agitada, melancólica, alterada?


¿Seré capaz de romper los barrotes de mi propio personaje?

viernes, 20 de septiembre de 2019

Tesis

Pensaba que el día que me doctoré iba a ser uno de los días más felices de mi vida. Como lo que dicen de las bodas, o de los partos; en mi caso un bebé en forma de tesis doctoral. Mis padres me habían traído en coche y habían hecho malabares para liberarse de todos sus compromisos. Habían viajado 2000 km porque yo se lo pedí y organizaron el cóctel de después. Mi mejor amiga también hizo un auténtico esfuerzo para viajar desde Madrid para acompañarme en ese momento. Buena parte de los amigos que hice durante la tesis me acompañaron.

Fue un día que no pude disfrutar, o que no me permití disfrutar, y aún me siento culpable por ello. Aunque todo fue bien, y creo que quien se tenía que sentir orgulloso lo hizo, la ansiedad me acompañó en todo momento. Y por eso, siento que defraudé a los que más me querían. Porque dejé que un hombre me arrebatara esos momentos. 

Recuerdo aquel día como la espectadora de un sueño irreal, como el ensayo de algo que aún estaba por venir, y en el que sería feliz.  Lo recuerdo con rabia, con impotencia. Es para mí una pérdida. Un día preciado y muerto en su propio nacimiento. Una elipsis terrible, forzosa, desproporcionada.

Nada podrá arreglar ese día, no hay Cum Laude que lo compense, ni proyección laboral. Porque ese no era un día para mí, era un día para mis padres, que eran los que mejor podían leer mi estado de ánimo. 

Ojalá puedan y ojalá pueda perdonarme. 

Ojalá aquel día hubiera podido vivir el momento igual de bien que definí el grafo de longitud complementaria.

viernes, 19 de julio de 2019

Jam en el granero

Yo que tanto he amado,
me veo leyendo
vetustos poemas de amor
mientras suena
una Jam improvisada,
un amor que clava sus raíces en mí.
Mientras, pienso en el pasado
como ajeno y como propio,
como la ginebra.
Cuestiono las definiciones de amor
y mis definiciones.
Estoy borracha
de sonrisas y del resucitar.
Estoy flotando en un limbo
entre la incertidumbre
y la certidumbre
de que todo vaya bien.

jueves, 16 de mayo de 2019

Un poema del 14 de abril

Me posas una mano en la espalda
como si estuviera hecha de magia
como si acunases porcelana asustadiza.
No dilucido la materia de tus dedos
son seguros
quizás tengan miedo
parecen de arte y de ciencia.
Siento que me tocas
pero no me encierras
que me envuelves
pero no me aprietas.
Aún no te conozco,
aunque puede que sí a tus manos,
al respeto, al miedo, a la delicadeza
de instantes que recuerdo
como sueños de adolescente.

lunes, 1 de abril de 2019

La última vez que te vi

Te vi salir de mi tren para coger otro a Málaga,
te bese levemente, exhausta, en la estación de Sants en Barcelona,
recordé tu primer y último "ya te echo de menos", mientras rompía el corazón de otra persona,
te vi despidiéndome con compasión en la puerta de mi casa en Córdoba,
me abracé a ti en Dijon y te di las gracias por hacerme olvidar,
me desperté en Tintes, en Sevilla, y ya no estabas, pero leí tu nota,
te abracé y te dije hasta luego en el aeropuerto de Bérgamo,
te despedí con desenfado en Villafranca de los Barros,
te vi fingir un saludo alegre en Santa Justa, que era un adiós.

Morimos en cada segundo, mutamos de piel y de alma.
Antesalas de funeral, de duelos muy diferentes.

Algunos terribles, que calaron el fondo de mi alma, que me dejaron cicatrices inmensas, con relieve desesperado.
Otros que fueron víctimas del cáncer que carcome el amor poco a poco, de forma que queda paz cuando lo mata.
Y los últimos, las tumbas pequeñas de amores que ni empezaron, con filigrana de pena y de preguntas. Historias que son torbellinos, que se lloran y se guardan el cajón de las tonterías.

Y yo me digo que soy tonta, lista y que hay fortuna en mi mala suerte.

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