lunes, 5 de octubre de 2015

Estoy llena de barro

        Me duele la inteligencia (y la "intelijencia" que daba el nombre de las cosas). ¿Sabes por qué? Porque no da el nombre de nada. Solo configura espirales de cuchillos, contra ti mismo y contra los demás.

           Os odio, cerebros premiados, al mío y al tuyo. Y detesto a mis manos que reprimen, oprimen y exprimen mi cabeza porque no haces lo mismo con las tuyas.

          Un monstruo apático está llamando a mi puerta, ansioso por beber de mis sentimientos, por liberarte de tu desdicha de señoras y autobuses. Pero mientras una mano está en mi cráneo la otra agarra la puerta con la fuerza de compromiso que le da mi corazón.

       Me voy a desmayar si no me ayudas. Y se me escapará mi dañina inteligencia, y entrará el señor de la puerta y me acuchillará el corazón. Entonces, con el paso del tiempo, solo serás otra triste cicatriz.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El final olía a hierba

        Desde hacía varias semanas el musgo de cuadrados los estaba invadiendo todo. Crecía rápidamente allá donde se lo propusiera. Las personas que paseaban parecían asumirlo con admirable resignación. No cesaban sus vidas, continuaban paseando mientras las enredaderas verdes oscuras los devoraban por fuera y por dentro.
             
              No existía lugar del planeta al que huir porque no podías escapar de tu propio cuerpo. Intenté ocultarme en el laberinto de rosas, en las ciudades de calles más estrechas, en Venecia. De nada sirvió. Solo veía como mis amigos se convertían en estatuas antiguas.

            Un día, en mitad de mi desesperación, una mancha cuadrada apareció en mi dedo pulgar. Qué alivio, ya no necesitaba correr hacia ninguna parte. Pronto yo también sería una parte más de la moderna Pompeya de musgo rígido que alguien visitaría dentro de cientos de años.

sábado, 22 de agosto de 2015

Frac

      La última vez que estuve en la heladería de la Plaza de la Flores le confesé a mi madre que tenía miedo. Hoy he regresado al mismo sitio. Han pasado más de cuatro meses. Me he tomado un helado diferente, pero he de confesar que mi miedo es bien parecido.

      Cuando mis propósitos contra mis miedos se hacen fuertes, me doy cuenta de que me da miedo luchar sola. Me percato de que incluso puede ser que al luchar sola ya esté sola, como siempre. Y así pago mi deuda con el mundo y conmigo misma.

jueves, 13 de agosto de 2015

Color opaco

         Cuando despojas a tu voz del cariño, cuando arrancas la ternura de tus ojos. Cuando el odio no existe y deja paso a la indiferencia y la desilusión, me das miedo. La mentira me duele menos que la verdad, pero me duele más porque es mentira. 

       ¿Adónde escapa el brillo de tus pupilas? ¿Adónde la risa gutural? Dónde están para ir a buscarlos, para no perderlos en la pompa de jabón. 

        ¿Por qué tropiezo una y otra vez una y otra vez con el contraste entre la inmovilidad de los recuerdos y el asesino paso del tiempo? 

viernes, 7 de agosto de 2015

Balanza inexacta

  Ya vendrá. Llegarán las ruinas de mi existencia al enclave de la animación. Llevaré mi mochila sin saber qué tengo dentro o a quién pertenece, si acaso no me perteneciese.

     Continuarás en resistencia contra la espuma del derrumbamiento, que quizás sea cada vez más transparente, pero no menos fuerte.

      Ya se irán. Y las incertidumbres darán paso a la determinación. A alguna.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Una casa para mi cerebro

Un soporte.
Un axioma.
Una salida.
Una ventana.
Una vela.
Un soplido.
Una carretera.
Una utopía.
Una distopía.

O una autonomía que no tengo.
O un portazo que ya no puedo dar.
O sueño que me abraza y me apuñala.
O un volver a empezar cada mañana.
O un cerrar los ojos cada madrugada.
O una casa teselada de atardeceres.

Y comprender de nuevo lo que habías olvidado,
denunciada por tráfico de sufrimiento.

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