jueves, 9 de agosto de 2018

La jaula que se teje dos veces

La libertad es extraña,
las cárceles imaginarias.
Carceleros involuntarios
que no quieren abrir las rejas
que no encuentran las llaves.
Los días son largos y fugaces,
las tripas se deshacen.
Sueños se tejen y destejen,
complejo de Penélope.
Rejas de hilo dual al de la tela,
tijeras en la mano,
inservibles.

La bicicleta, el mexicano
la primera noche de verano,
llegar tarde,
sonreír por nada,
estar presente,
mi libertad soñada.

jueves, 2 de agosto de 2018

Pequeño recuerdo de la ciudad universitaria

Me gustaría tener quince años y sufrir como entonces. Me gustaría volver a aquella tormenta eléctrica en París en 2014. Todos estaban en la gran explanada. Un rayo podría caer en cualquier momento. Pero la probabilidad estaba de nuestro lado y yo no echaba la primitiva.

viernes, 20 de julio de 2018

En el patio del colegio

"Dicen que el amor solo es amor si es correspondido."

miércoles, 20 de junio de 2018

Recordando las duchas y los toboganes

Siempre escribes cosas muy tristes, me decía hace ocho años aquella persona-anécdota.
Cuánto te gusta inventar el futuro, me decía la misma persona justo antes de bajar del tren.

Se equivocaba, escribo cosas del pasado, escribo deseos de comportamiento. Intento descifrar mi vida, no solo mi tristeza.
Tenía razón, me gusta inventar el futuro, y ahora me da miedo. Siento que voy a desfallecer, agarrando, con las pocas fuerzas que tengo, las lianas espacio-temporales.


martes, 19 de junio de 2018

Solitude

Me pregunto si piensas en mí mientras recorro las calles de una ciudad extraña. Actúo, actuaba, como si presenciaras cada paso, cada raya que evito entre los adoquines. Sé que no te voy a encontrar a la vuelta de la esquina, pero quizás te encuentre arriba, en una ventana.  Vivir alternadamente me ha hecho aprender a hacer mío el suelo. El aire sigue siendo muchas veces raro.

Me siento autónoma, a la fuerza sonriente. Miro las casas antiguas y me imagino que ninguno de mis antepasados puede recordarlas. Entro en el supermercado a que se me pasen los minutos. Bonjour, madame. Merci bien. Passez une bonne soirée. 

Se hace de noche. A ese cielo no tengo que hacerlo mío. Es el mismo que el tuyo. Es el que empequeñecía nuestros problemas, cosa que yo no entendía. Ya sé que no me espías, que no me estarás viendo. ¿Me estarás pensado quizás, durante una milésima de segundo? ¿Te acordarás alguna vez de la noche del eclipse? Yo llevaba un vestido morado y tú la camiseta verde clarita, creo. 

¿Quién se acordará de mí, en el próximo minuto, mientras vuelvo a empezar de cero?

sábado, 16 de junio de 2018

Lo que cambia y lo que persiste

- ¿No quieres ser famoso?

- Jesucristo es la persona más famosa del mundo y probablemente no se pareció en nada a la imagen que tenemos de él.

Estábamos sentados de espaldas al Guadaquivir cordobés, el que se entremezcla con la maleza, el que no es navegable, el de los molinos rotos, el del agua marrón y turbia, el de la mezquita y el que siempre está "pabajo". Yo estaba mirando a la esquina de un restaurante y pensaba que tenías razón. Y sigues teniendo razón.

Aunque siga intentando olvidarte, olvidar en general, persistes como los puentes romanos, como persisten las piedras de aquellos bancos. Qué triste se me hace tu fama, qué diferente eres de todo aquello que recuerdo. Y cuánto me costó asumir que solo has de existir en mis sueños, en forma de paraíso de veinte segundos o de pesadilla para toda la vida, en la que tú y tu pareja me mostráis un anillo de casados en el dedo anular, en la que yo intento ser feliz y natural y acabo estallando en lágrimas y desesperación.

La pérdida.

La disociación.

El desapego. 

Saber qué es potencialmente real y qué no lo es. Recabar, rescatar la fuerza del recuerdo del sufrimiento para poder vivir en paz. Aceptar que en mi vida, la realidad se hace sueño, y a guardarlos en el lugar que les corresponde, en mi cabeza y en palabras que aplastan y aglutinan tu esencia.

Sé mi sueño y sé mi realidad. 

Y tú quieres realidad sin mi sueño.

Y yo prefiero los sueños (con o sin realidad).

Y tú no puedes entrar en mis sueños sino a través de mi realidad.

Sabes bien que hablo de esos sueños atemporales, los que persisten, como los veranos de Sevilla, mientras enfrentamos el miedo al cambio de realidad. 

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