Paseaba por la calle Angel de Saavedra y allí estabas, conversando animadamente con mi familia. Junto a ti, una copia mala de ti mismo.
- Es muy parecido al que te envíe. - Le dijiste a mi padre señalando a tu copia.
Quisiste hablar conmigo, separándome del grupo, pero para mí la realidad entrechocaba con la idea de que nunca más habría de encontrarte. Me desmayé.
Desperté en una cama, velada por ti y por tu copia, muda.
- ¿Qué haces aquí? - alcancé a preguntarte.
- Tenía ganas de venir a Córdoba.
- Dime lo que quiero saber.
- Ya no estoy con ella. Puedo ir a cualquier sitio, mañana mismo dejaré Madrid.
Te imaginé conmigo alrededor del mundo y sentí que podría vivir en cualquier parte del mapa.
- Déjame quererte de nuevo.
- Déjame pensarlo.
sábado, 30 de diciembre de 2017
martes, 17 de octubre de 2017
Una vez tuve una especie de cómplice
¿Sabes que cuando te confundes en mi masa dejas, en cierta manera, de ser especial? Porque esto es un registro de deshechos, de miserias, de intenciones y a veces hasta de hipótesis.
Cuando te concedo el poder de estar aquí, dejas de ser mi amigo, dejas de ser para siempre, empiezas a ser pasado. No sé, a lo mejor estás en un para siempre diferente, ese que está en los libros pero que no está en la vida.
Ya veo como se difuminan las escenas de otra etapa de mi vida, tan inconstante, tan desvanecida como todas las demás.
¿Quién llegó siquiera a mirarme por dentro? ¿Quién creyó habernos desentrañado? ¿Quién se decepcionó?
Qué sorpresa. Al final solo era una persona normal. Y eso siempre te rompe los esquemas.
Me acuerdo de cuando fui una persona normal, tan normal como desnuda, tan desnuda como sonriente, tan sonriente como tranquila. Solo me hacía falta una sombrilla y una playa. Y no pude hacer nada por no destruirlo.
Pero eso no tiene nada que ver contigo.
Pensado (o soñado) por
María C.C.
a
martes, octubre 17, 2017
sábado, 14 de octubre de 2017
Pareciera que estás en blanco y negro
Es triste navegar en el mar de ceniza de tus recuerdos, donde no hay casi fotos, porque vivimos juntos una transición digital y revolucionaria de sentimientos. Estabas tan cerca de mi corazón que nunca necesité retratarte más allá de una foto de carnet, como hacían nuestros abuelos. Creo que perdí esa foto a propósito, en alguna cartera antigua.
Y toco nuestros restos fosilizados como si de verdad estuvieras muerto. Y a veces sigo llorando, por puro placer. Y lloro porque querría volver a tener quince años y volver a quererte, porque nuestra Córdoba ya no existe y cada día quedan menos sitios donde imaginarte de mi mano. Y ya ni siquiera me acuerdo de la esquina de aquellos veinte duros donde me dijiste lo guapa que estaba. Joder, ya nadie dice veinte duros, igual que tú no solías decirme cosas superficiales.
No te confundas, no estoy loca. Es que no me gusta hacerme mayor.
Pensado (o soñado) por
María
a
sábado, octubre 14, 2017
jueves, 12 de octubre de 2017
Tu recuerdo sabe a madera
Hay emociones que me saben a madera. Me veo irrumpiendo en tu casa minúscula, en tu verde que contrastaba con mi naranja. He olvidado casi por completo como era la ilegalidad social de desearnos. Porque nuestra casa de París nunca fue como ninguna de nuestras otras casas, que no sabían a madera.
Me sumerjo, instintivamente, en las sábanas de nuestro amor, que era nuestro cómplice y que destruyeron tus creencias.
Y ahora estás casado. Tu pragmatismo quizá te haya hecho deshacerme y reconstruirme para tu comodidad.
Y ya nunca sabré de ti.
Pero tampoco lo necesito, porque estás en la caja de madera de mi corazón.
Pensado (o soñado) por
María
a
jueves, octubre 12, 2017
lunes, 9 de octubre de 2017
Atrapados en la norma
¿Por qué nos atrapas en el todo o nada?
¿Por qué nos haces infelices en los extremos?
¿Por qué no puedo besarte sin que me poseas?
¿Por qué no podemos querernos sin que te posea?
Decir "no quiero hacerte daño" es la manera fea de decir "te quiero hoy".
Somos incapaces de vivir el presente.
Y vivimos los rencores.
Y absorbemos el futuro.
Me siento invadida por escenas sobre los celos.
Me siento agredida por la norma.
Mi yo presente no tiene nada que hacer contra mis millones de yos pasados y futuros.
Y así nos encontramos, o solos o atrapados.
¿Por qué nos haces infelices en los extremos?
¿Por qué no puedo besarte sin que me poseas?
¿Por qué no podemos querernos sin que te posea?
Decir "no quiero hacerte daño" es la manera fea de decir "te quiero hoy".
Somos incapaces de vivir el presente.
Y vivimos los rencores.
Y absorbemos el futuro.
Me siento invadida por escenas sobre los celos.
Me siento agredida por la norma.
Mi yo presente no tiene nada que hacer contra mis millones de yos pasados y futuros.
Y así nos encontramos, o solos o atrapados.
Pensado (o soñado) por
María
a
lunes, octubre 09, 2017
miércoles, 4 de octubre de 2017
A veces sonríe, creo
Ayer me preguntaron por ti, como si estuviéramos en tu casa. Y dije que no sabía nada, no quise dar más detalles. Por dentro pensé "a veces sonríe".
Esta noche me crucé contigo en mis sueños, en el supermercado, mientras yo compraba cerezas. Te sonreía todo el cuerpo, y le hacía parecer más relajado, y eso te transformaba el mismo tiempo en más joven y más anciano.
- Te veo, bien, como más feliz.- Te dije con cariño.
- Eso ven todos, pero yo no puedo verme a mí mismo y, por tanto, no soy capaz sentirme de ese modo. - Contestaste impotente.
Reímos en cada esquina del centro comercial, y nunca me trataste mal. Eso me da paz.
Quizás sea verdad que eras un reflejo de mí misma.
Pensado (o soñado) por
María
a
miércoles, octubre 04, 2017
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