martes, 31 de agosto de 2010

Las cuatro y diez - Luis Eduardo Aute

Esta vez, es esta suave melodía la que viene de mi niñez a relacionarse con mis circunstancias...

Cuenta la historia de dos antiguos amantes que se encuentran tras los años y recuerdan su historia de amor adolescente. Se aprecia el cariño mutuo, pero también... cierto distanciamiento ¿no?




-Fue en ese cine, ¿te acuerdas?,
en una mañana; "Al Este del Edén".
James Dean tiraba piedras
a una Casa Blanca...
-Entonces te besé.
Aquella fue la primera vez.
Tus labios parecían de papel,
y a la salida; en la puerta,
nos pidió aquel inspector nuestros carnets.
-Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés.
Tú me esperaste hora y media.
-En esta misma mesa yo me retrasé.
-¿Quieres helado de fresa, o prefieres
que te pida ya el café?
Cuéntame cómo te encuentras.
Aunque sé que me responderás: "muy bien".
Ten. Esta foto es muy fea;
el más pequeño acababa de nacer.
-Oiga!. ¿Me trae la cuenta?
-Calla; que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores; no sea que no llegues a la
hora al almacén.
Llámame el día que puedas.
Date prisa, que ya son las cuatro y diez.

martes, 24 de agosto de 2010

No puedo seguir

La única verdad que puedo decir es que todo lo que no seas tú es una mentira.

Por eso no te besé, porque eres el único que observa desde el patio de butacas el teatro de mi vida. Yo solo quiero bajar del escenario, no que tú subas a representar.

No hay otro que sepa ser sincero con el silencio.

domingo, 22 de agosto de 2010

Envidia


Ayer, mientras me quemaba en la tumbona de la cubierta de un barco, leí un artículo del dominical de la semana pasada. Trataba sobre la envidia. La envidia menos sana, la que nos lleva a desear lo peor al enemigo.

En el final de mi lectura una afirmación tan rotunda que se desmoronó en mis propios pensamientos de esquiva moral. Esencialmente decía que el amor no es un sentimiento egoísta, que no solo no se envidía al prójimo, sino que se disfruta con su bienestar, que es un sentimiento completamente servicial.

No estoy de acuerdo. El amor es lo más egoísta que existe. Es posesivo, nos desata. Cuando nos perturban los sentimientos somos capaces de hacer cosas terribles para conseguir lo que queremos. Y si no las hacemos, ¡cuánto menos que sentirlas! ¿quién es feliz cuando la perosna a la que amas es feliz estando con otra? No confundamos cariño con amor, ni tópicos literarios con realidad.

No, no es un sentimiento noble esto del amor. Es tramposo, despiadado y no te cede ni un segundo para que te puedas preparar.

domingo, 1 de agosto de 2010

Siempre

Te necesito
Como lo perdido e imposible de conseguir
En la lejanía, siempre distante
Porque si me acerco te pierdo
Y me pierdo en un presente vacío

Cuando te siento
Duele, duele, duele
Pero es el dolor de la vida
Con dos opciones a cual peor:

Aceptar vivir con tu recuerdo
es aceptar no volver a amar
y vivir olvidándote
es no volver a tener sentido jamás


domingo, 11 de julio de 2010

¿Y mis chanclas?


Abrí los ojos y no recordaba nada. ¿Por qué estaba sentada en una silla de plástico en una especie de mitad estadio mitad plaza de toros rodeada de miles de personas? ¿Por qué mis zapatos se escurrían de mis pies? Alcé la vista y pude ver un escenario donde un concierto de rock daba sus últimos acordes.



Entonces, toda la gente se levanto y mis chanclas desaparecieron con ellos. ¿Qué hacía allí? Solo podía recordar calles empedradas y paredes muy blancas, típicas andaluzas, que siempre daban a un patio también muy de la tierra: blanco, con su pozo en medio y macetas de flores por todas las paredes. ¿Qué podría haber pasado?



Pero lo que más me preocupaban eran mis chanclas. Me fui del lugar sin poder encontrarlas. Por lo visto, había acudido al concierto con un grupo de amigos. A mitad de camino no lo pude resistir y les rogué que volviéramos a buscar mi calzado. Discutieron unos minutos hasta que al final aceptaron.



Sin embargo, insistieron en tomar un atajo por una clínica sanitaria privada que abarcaba toda la manzana. Ese fue el fin, todos se perdieron excepto una de las chicas. Al salir a la calle por la puerta de pediatría el otoño se nos había echado encima.

miércoles, 7 de julio de 2010

Copiloto


Yo solo quería hacer un viaje a Huesca con mi novio. Pero fue imposible mantener el acompañante durante los días siguientes. El plan era ir a un camping de los Pirineos con una caravana enganchada detrás de nuestro pequeño coche rojo pero, al llegar a Zaragoza, acabé contratada en un supermercado.


El encargado de mi supermercado era un ser despreciable, un déspota que nos obligaba a trabajar por un mínimo salario y que no nos permitía abandonar el trabajo. Tras unos días de calvario decidimos huir. Extrañamente, bastó con ir a la cafetería y escupir en su bocadillo para quedar libres.


Fuera me esperaba mi chico y, como ya había pasado el fin de semana, emprendimos el camino de vuelta. En el tercer control de carretera, al mirar al conductor del coche, pude comprobar con toda naturalidad que ya no era mi novio el que conducía, sino mi ex (¿Un sueño de tu recuerdo en la carretera?) Su espesa masa de cabello claro y sus ojos claros estaban sentados a mi lado, como si nada. De repente frenó en seco en mitad de la carretera.


Un campamento de niños gitanos se erigía en la cuneta. Mi nuevo acompañante estuvo hablando y bebiendo largo rato con ellos hasta que llegó la noche. Para cuando volvimos al coche, estaba demasiado bebido y no dejaba de hacer eses. Al cabo de un rato me di cuenta de que nos habíamos dejado la caravana desenganchada. Al principio pensé que los gitanos nos la habían robado pero nada más lejos de la realidad, nos estaban esperando custodiándola. Por supuesto, hubo más alcohol en el recuentro y la segunda vuelta fue todavía más desastrosa. A todo esto, ¿Dónde se había metido mi novio?


Llego un momento en el que fue necesario subir una cuesta y vi peligrar mi vida. Aunque no sabía conducir le rogué que me dejara intentarlo, con él seguro que acabaríamos despeñándonos por el precipicio. Aunque me tuve que parar varias veces a mitad de camino lo conseguí.


Al bajar del coche, cerraba la puerta del copiloto una chica con el pelo rapado, que me abrazó.

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