jueves, 16 de junio de 2016

El microchip de otro

Me imagino en tu mente, reflejada en tus ojos.
Me veo minúscula, imbécil, inmadura, insignificante.
Me siento estúpida, desconocida, evaluada.

Soy altanera, soy idiota.

Y después soy todo lo contrario, o no soy nada.
Te das cuenta de que soy un arañazo en una almohada.
Que soy Mercurio y también soy Marte,
que de Venus no tengo ni la fachada.

Que en verano soy la Luna
y en invierno ardo en llamas.

Y luego solo queda ceniza.

jueves, 9 de junio de 2016

Feliz cumpleaños, vampiro

     En la fiesta de los amigos de mis padres algo iba mal. Ya resultaba sospechoso que hubiésemos tenido que ir de dos en dos, yo con mi prima, con chóferes de la zona. México era un país nuevo y mágico, pero las cosas empezaban a no tener sentido.

    De alguna manera apareció un señor desnudo, que yo conocía muy bien. Se tumbó en la cama y yo me acurruqué junto a él para decirle que todavía le tenía cariño. Él, como regalo de cumpleaños, solo quería sexo. Se acercaba a mí y trataba de rozarse. Yo trataba de huir en todos los sentidos.

    Al mismo tiempo, mi padre y mi hijo estaban siendo cebados de amistad. Pronto los anfitriones declararon que eran vampiros y que cuando la noche estuviese cerrada se los comerían. Propuse escapar, todos accedieron.

     Me costó muchísimo hacer la maleta: estaba llena de trajes de flamenca y de arena.

martes, 7 de junio de 2016

Madera y cristales

Cuando llegué a la puerta del hotel estuvimos hablando un rato a solas, detrás de la cristalera. Luego llegó aquel grupo variopinto, aquella mezcla de tus amigos y mis profesores. Pretendían cenar con nosotros.

- No te fíes de ellos, son unos fanáticos. - Me dijiste.
- Pero si tú eres tan fanático como ellos. - Te reproché.
- Luego te lo explico.

No fuimos a buscar mi habitación. Habría de ser una habitación lujosa, estaba segura. Tu estabas alojado en otra parte del hotel bien distinta, como diseñada por Escher. Estaba en un sótano gigante, donde había cientos de camas en las posiciones más insospechadas. Una escalera vertical de madera donde estaban dispuestas tus cosas del aseo llevaba a la tuya. Me dijiste que diese tiempo para cambiarte y que fuese a buscar mi habitación mientras tanto.

De nuevo entré en el gran ascensor del barco de mis sueños anteriores, en el que me perdí completamente. En mi llave, no acertaba a encontrar el número de la habitación. Vagué durante unas decenas de minutos por la segunda planta de un claustro de madera, equivocándome una y otra vez de número.

Volví a buscarte. Al pie de la escalera te grité que me ayudases. Pero me contestaste que no podías: había demasiadas cosas que te impedían de bajar.

Yo era importante

Eras un inmensidad.
Te hacía nuevo, de tan roto que estabas.
Hacía tanto calor y tanta luz.
Había tantas cosas por descubrir
en sitios que siempre estuvieron.
Las mañanas eran fresquitas y tempranas.
Y yo una muñeca de porcelana
que se volvió de trapo
cuando las tardes se volvieron frías.

viernes, 3 de junio de 2016

Haikus para tranquilzarme

No a la lejanía,
solo quiero distancia
psicológica.

Así quiero ver
no sentir importancia.
Impermeable.

Aceleración
realismo y para el golpe.
Reflexionaré.


jueves, 2 de junio de 2016

Recuerdos solteros y desconocimiento tranquilizador

Este síndrome de Diógenes de recuerdos. La exclusividad de los momentos compartidos me acuchilla en el ir y venir del tiempo.

Un "no te olvides de esto",
otro "ya no me acuerdo de nada".
Algo nuestro que tú habías perdido,
como la cinta de mi vestido negro.

Como una estrella venida a menos,
cuyos logros han sido olvidados.
Como una demostración perdida
de un teorema que anhelo.

Extraña, adormecedora
es la semana y son los meses
en los que al saber que no estás
ya no siento temor.

No siento temor de verte,
no siento temor de Madrid,
no siento temor de Alameda,
no siento temor de tus zapatillas,
ni de tus ojos verdes,
ni de la aureola de tus otros ojos.
No me da miedo tu boda,
no me dan miedo tus mujeres,
no me dan miedo tus hijos,
no me da miedo tu trabajo.


Porque no sé nada de ellos
y han dejado de existir
en esa semana y esos meses
y esos años que están por venir.
No saber me tranquiliza,
no saber que estás ahí.

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