¿Quién es esa persona que buscamos?
¿La que comparte tus problemas contigo y es participe de ellos?
¿O quizás la que te hace olvidarte de ellos aunque sea por unos instantes?
Yo... me decanto por la segunda opción. ¿Y tú?
lunes, 11 de enero de 2010
Retener para Aumentar
El nuevo proceso conlleva seis fases:
1. La idea viene tímidamente a mi mente y se configura.
2. Crece, crece, crece mientras te miro.
3. Intenta escapar por los ojos, para llegar a los tuyos.
4. Rebosa por todos lados, creando impulsos involuntarios.
5. Y entonces, sólo entonces, cuando casi no puedo respirar porque me ocupa los pulmones...
6... entrecortada la expulso: Te quiero
1. La idea viene tímidamente a mi mente y se configura.
2. Crece, crece, crece mientras te miro.
3. Intenta escapar por los ojos, para llegar a los tuyos.
4. Rebosa por todos lados, creando impulsos involuntarios.
5. Y entonces, sólo entonces, cuando casi no puedo respirar porque me ocupa los pulmones...
6... entrecortada la expulso: Te quiero
Pensado (o soñado) por
María
a
lunes, enero 11, 2010
lunes, 4 de enero de 2010
Disparos en la Piscina
"En esta piscina - decía el panfleto - todas las personas podrán disfrutar de un baño con simpáticos animales marinos: delfines, pececillos de todos los colores e incluso una orca marina."
Y allí estaba yo, nadando con una familia, cuando me percaté de la presencia de una veterinaria que estaba tomándola la temperatura a la orca. Dijo en voz muy baja que habría que sacrificarla porque en unos segundos se volvería extremadamente violenta. Pero esos segundos no bastaron. El animal comenzó a arremeter contra los azulejos de la piscina formando abolladuras por todos lados, las cuales iban aumentando cada vez más.
Me apresuré en subir una planta del polideportivo junto con un hombre que parecía ser perseguido por la horca debido a que a cada paso suyo el suelo se abollaba y saltaban las losetas. Entonces empezaron los disparos.
Un remolino de adolescentes empezó a subir las plantas del edificio. La piscina ya no estaba, ahora estaba el suelo de los pistas. Yo ya había alcanzado la ultima planta y desde allí observaba el panorama: El profesor de informática de los chicos había aprovechado la ocasión para sacar una pistola y comenzar a pegar tiros por doquier.
Todos nos distribuimos por las paredes puesto que existía un hueco cuadrado que daba a las pistas de unos 5 x 5 metros y evidentemente ninguno quería estar en el punto de mira.
Aquel hombre bajito, moreno y con gafas si situó en los primeros escalones de la escalera más a mano y nos observó a todos, en hilera. Y abrió la boca:
-Bien, miremos lo que pasa si disparo a alguien que esté por debajo de mí.
En el centro de la pista estaba atada a una silla de madera y amordazada Patricia, una chica gótica, muy alta de tez pálida. El hombre diparó y una bala describió un parábola por encima de la cabeza de mi amiga. Todos estábamos callados, con muchísimo miedo. Un niño de unos 8 años estaba llorando justo a mi lado. Decidí cogerlo en brazos.
-Y ahora veamos que sucede si disparo a un niño que esté en la ultima planta.
Apunta a la cabeza del niño. Si pasa lo mismo de antes... el disparo me lo llevo yo.
¿Qué prefiero? ¿Qué prefiero? ¡No lo hagas!
Cierro los ojos. ¡Bum!
Y allí estaba yo, nadando con una familia, cuando me percaté de la presencia de una veterinaria que estaba tomándola la temperatura a la orca. Dijo en voz muy baja que habría que sacrificarla porque en unos segundos se volvería extremadamente violenta. Pero esos segundos no bastaron. El animal comenzó a arremeter contra los azulejos de la piscina formando abolladuras por todos lados, las cuales iban aumentando cada vez más.
Me apresuré en subir una planta del polideportivo junto con un hombre que parecía ser perseguido por la horca debido a que a cada paso suyo el suelo se abollaba y saltaban las losetas. Entonces empezaron los disparos.
Un remolino de adolescentes empezó a subir las plantas del edificio. La piscina ya no estaba, ahora estaba el suelo de los pistas. Yo ya había alcanzado la ultima planta y desde allí observaba el panorama: El profesor de informática de los chicos había aprovechado la ocasión para sacar una pistola y comenzar a pegar tiros por doquier.
Todos nos distribuimos por las paredes puesto que existía un hueco cuadrado que daba a las pistas de unos 5 x 5 metros y evidentemente ninguno quería estar en el punto de mira.
Aquel hombre bajito, moreno y con gafas si situó en los primeros escalones de la escalera más a mano y nos observó a todos, en hilera. Y abrió la boca:
-Bien, miremos lo que pasa si disparo a alguien que esté por debajo de mí.
En el centro de la pista estaba atada a una silla de madera y amordazada Patricia, una chica gótica, muy alta de tez pálida. El hombre diparó y una bala describió un parábola por encima de la cabeza de mi amiga. Todos estábamos callados, con muchísimo miedo. Un niño de unos 8 años estaba llorando justo a mi lado. Decidí cogerlo en brazos.
-Y ahora veamos que sucede si disparo a un niño que esté en la ultima planta.
Apunta a la cabeza del niño. Si pasa lo mismo de antes... el disparo me lo llevo yo.
¿Qué prefiero? ¿Qué prefiero? ¡No lo hagas!
Cierro los ojos. ¡Bum!
Pensado (o soñado) por
María
a
lunes, enero 04, 2010
Nuestra Foto
Hoy he cubierto nuestra foto con mi nombre.
Al levantarme la he visto, con más de dos años atrás, y he visto nuestras sonrisas. ¿Qué ha sido de la mía?
Y he recordado la felicidad, la nuestra, solo nuestra. ¿Por qué ya no la compartimos?
Porque yo quise, solo por eso.
Ahora yo tengo mis sentimientos y tú, tu ilusión y tu felicidad, los de nuestra foto. Pero en otra foto, en otro fotomatón, en otra ciudad, con otra.
Y la culpa es mía, sólo mía.
Y por eso he cubierto nuestra foto con mi nombre, porque de lo contrario no podré volver... a hacerme otra foto con la misma sonrisa.
Al levantarme la he visto, con más de dos años atrás, y he visto nuestras sonrisas. ¿Qué ha sido de la mía?
Y he recordado la felicidad, la nuestra, solo nuestra. ¿Por qué ya no la compartimos?
Porque yo quise, solo por eso.
Ahora yo tengo mis sentimientos y tú, tu ilusión y tu felicidad, los de nuestra foto. Pero en otra foto, en otro fotomatón, en otra ciudad, con otra.
Y la culpa es mía, sólo mía.
Y por eso he cubierto nuestra foto con mi nombre, porque de lo contrario no podré volver... a hacerme otra foto con la misma sonrisa.
Pensado (o soñado) por
María
a
lunes, enero 04, 2010
jueves, 31 de diciembre de 2009
Cerveza de Tarde-Noche

Necesito problemas para seguir.
Acertijos que resolver.
Problemas que evadir.
Huye, huye lejos
a cualquier "lejos de ti"
que no puedo, que sí quiero,
no mirarte, verte partir.
Acertijos que resolver.
Problemas que evadir.
Huye, huye lejos
a cualquier "lejos de ti"
que no puedo, que sí quiero,
no mirarte, verte partir.
Pensado (o soñado) por
María
a
jueves, diciembre 31, 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
El Desvío a la Circunvalación
De nuevo en esa ciudad, en aquel hotel recargado de madera y de escaleras. Me encontraba en el minúsculo rellano que crujía levemente. En frente podía verme reflejada en un tocador, de estilo rococó, con el dorado ennegrecido y desconchado. Mi reflejo desvió la mirada hacia la figura que sale de la habitación de la izquierda. Era moreno, musculoso y con los mismos ojos penetrantes de siempre.
Me besó de forma breve y húmeda para después hacer que subiera a su coche. Dimos un paseo sin bajarnos del coche. Comencé a sentirme cansada.
-Riportami a casa, ti prego, mi addormento.- Le pedí.
-OK.-
Pero entonces tomó la salida a la circunvalación. Podía intuir el destino, uno de esos hoteles de paso, que ni siquiera tienen recepcionista. En efecto era un edificio de 6 pisos muy largo, de base rectangular, pintado totalmente de blanco con una franja azul en la planta baja. Al aparcar en la entrada me explicó:
- È un hotel soltanto per giovani. Ci divertiremo.
Sin saber muy bien a lo que me enfrentaba y llevada por la curiosidad abrí la puerta del Golf. Ni bien había puesto un pie en el asfalto del aparcamiento apareció mi chico, cabizbajo y entre dolorido y enfadado. Nos había estado siguiendo. Dijo que jamás me perdonaría lo que había hecho y que no lo volvería a ver.
En realidad mi cerebro no acertaba a comprender que era lo que yo había hecho que era tan horrible. Nada malo, nada recriminable. ¿De qué se podía quejar? Siempre le había dado todo lo que quería... Absurdo, totalmente absurdo. Y a pesar de todo no quería perderle.
Movida más que por mis fuerzas por la congoja entré en la recepción. Como había predicho solo había una maquina para meter la tarjeta de crédito y obtener la llave de la habitación. Sin embargo, el recinto recinto no era en absoluto como cabría esperar: era pequeño, las losetas eran de mármol frío y desgastado y la luz provenía de una bombilla desnuda en el techo que emitía una luz intermitente entre naranja y amarilla. En la pared una fila de sillas de plástico modelo "sala de espera de los hospitales" ocupadas por chicas y justo en medio Mire.
Mire, aquella chica tan pedante, absolutamente prepotente, con centenares de obsesiones y miles de carencias de personalidad. Me pidió que le explicara lo sudecido, petición bastante difícil para alguien que no comprendía los reproches de ese tipo. Al explicárselo comenzó a insultarme de forma cruel y contundentemente fácil. Le grité que jamás me entendería y salí corriendo al aparcamiento esperando encontrar a el chico del coche... para que me consolara.
Pero él no estaba dispuesto a hacerlo, solo me quería para divertirse. Habían llegado dos amigos suyos. Aunque comprendía su idioma a la perfección no podía entender su dialecto. Sabía que estaban hablando de mí y entendí que debería tener razones para tener miedo. Me dijeron que subiera al coche. No me quedaba otra, estábamos a kilómetros de mi hotel.
Subí. Que extraño, los tres tenían un bocadillo envuelto en papel de aluminio en la mano.
-¡Eh! Ma perchè io il panino non ce l'ho?.- Pregunté
-Tranquila, ce n'hai uno nella porta.- Me contestó uno de los que estaban sentados atrás.
Cogí mi bocadillo de la puerta del coche y lo agarré como si fuera lo último que me quedara, esperando ver el destino de mi viaje con estos chicos.
Me besó de forma breve y húmeda para después hacer que subiera a su coche. Dimos un paseo sin bajarnos del coche. Comencé a sentirme cansada.
-Riportami a casa, ti prego, mi addormento.- Le pedí.
-OK.-
Pero entonces tomó la salida a la circunvalación. Podía intuir el destino, uno de esos hoteles de paso, que ni siquiera tienen recepcionista. En efecto era un edificio de 6 pisos muy largo, de base rectangular, pintado totalmente de blanco con una franja azul en la planta baja. Al aparcar en la entrada me explicó:
- È un hotel soltanto per giovani. Ci divertiremo.
Sin saber muy bien a lo que me enfrentaba y llevada por la curiosidad abrí la puerta del Golf. Ni bien había puesto un pie en el asfalto del aparcamiento apareció mi chico, cabizbajo y entre dolorido y enfadado. Nos había estado siguiendo. Dijo que jamás me perdonaría lo que había hecho y que no lo volvería a ver.
En realidad mi cerebro no acertaba a comprender que era lo que yo había hecho que era tan horrible. Nada malo, nada recriminable. ¿De qué se podía quejar? Siempre le había dado todo lo que quería... Absurdo, totalmente absurdo. Y a pesar de todo no quería perderle.
Movida más que por mis fuerzas por la congoja entré en la recepción. Como había predicho solo había una maquina para meter la tarjeta de crédito y obtener la llave de la habitación. Sin embargo, el recinto recinto no era en absoluto como cabría esperar: era pequeño, las losetas eran de mármol frío y desgastado y la luz provenía de una bombilla desnuda en el techo que emitía una luz intermitente entre naranja y amarilla. En la pared una fila de sillas de plástico modelo "sala de espera de los hospitales" ocupadas por chicas y justo en medio Mire.
Mire, aquella chica tan pedante, absolutamente prepotente, con centenares de obsesiones y miles de carencias de personalidad. Me pidió que le explicara lo sudecido, petición bastante difícil para alguien que no comprendía los reproches de ese tipo. Al explicárselo comenzó a insultarme de forma cruel y contundentemente fácil. Le grité que jamás me entendería y salí corriendo al aparcamiento esperando encontrar a el chico del coche... para que me consolara.
Pero él no estaba dispuesto a hacerlo, solo me quería para divertirse. Habían llegado dos amigos suyos. Aunque comprendía su idioma a la perfección no podía entender su dialecto. Sabía que estaban hablando de mí y entendí que debería tener razones para tener miedo. Me dijeron que subiera al coche. No me quedaba otra, estábamos a kilómetros de mi hotel.
Subí. Que extraño, los tres tenían un bocadillo envuelto en papel de aluminio en la mano.
-¡Eh! Ma perchè io il panino non ce l'ho?.- Pregunté
-Tranquila, ce n'hai uno nella porta.- Me contestó uno de los que estaban sentados atrás.
Cogí mi bocadillo de la puerta del coche y lo agarré como si fuera lo último que me quedara, esperando ver el destino de mi viaje con estos chicos.
Pensado (o soñado) por
María
a
lunes, diciembre 21, 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Lo más leído
-
Maldito sueños: Una chica bajita, regordeta, con el pelo liso y largo recogido en una coleta se me acercaba. Sabía quién era: ella, su “novi...
-
En aclaración a mi entrada anterior, tengo unas palabritas que decirme a mí misma. Para mí el amor es el instinto más animal racionalizado ...
-
Algunos chicos tienen miedo de lo complicado, de lo feroz, de lo que les sobrepasa y que sin embargo posee la belleza de lo simple en la es...
-
Nos acabo de ver identificados en mi lectura: "El hombre reflexiona con la cabeza para que el pensamiento descienda al corazón donde en...
-
Bolitas rojas que vienen a mi recuerdo oxidado, esa memoria que surge inesperadamente, como algo nuevo que jamás has vivido. En un tarde noc...
-
Hoy, no voy a usar metáforas. Hoy me voy a liberar de la alegoría para hablar sobre mi vida real, tal y como es, sin tapujos, sin trampas, s...
-
No sintió miedo todas las veces en las que se había dicho que ya era demasiado tarde para volver atrás, sintió miedo en el único momento en ...
-
Hace unos días, me preguntaron por qué me molestaba tanto una falta de ortografía si estaba estudiando Matemáticas en la facultad. Y es que ...
-
Quise mirarte y me tocaste Quise tocarte y me agarraste Te mordí Retrocediste Volviste por mí y me llamaste furtiva Prometiste mirarme Zalam...
-
Inicios pasados que ilusionaron y que en el presente solo desatan melancolía. Solemos pensar con tristeza, incluso con rencor, en lo finales...