Mientras su mueca burlona,
a la fuerza tierna,
se hace píxeles indistinguibles.
Mientras dejo de ver,
de pena que guiña el ojo,
de resignación impuesta.
Mientras me hago mayor
tesoro distante,
mujer de recuerdos añejos.
Paladeo mi libertad,
recupero las tijeras
y ya no hay barrotes de lana,
acero de mentiras,
ni soga de carbones.
Tu mueca de éxtasis,
a la fuerza alienante,
se hace exponencialmente ajena.
Y ventilo de mis noches
tus puñetazos de alma
nunca más impuestos.
Mientras,
me hago mayor,
beso cercano,
mujer de futuro claro.
lunes, 28 de enero de 2019
miércoles, 9 de enero de 2019
Las tonterías que se vinieron conmigo tras la separación
A veces, me recuerdo a ti. Veo esa huella que dejaste en mi personalidad, eso que yo adquirí de ti sin darme cuenta. O tal vez todo aquello que yo ya compartía contigo, pero que solo veía en ti.
Me sorprendo con un sentido del humor que llega de repente, entre la seriedad de los chavales de notable-sobresaliente de clase media de instituto público, esos que leen novelas de utopías y distopías.
Me veo construida a partir de caídas, de las mías y de los que yo lancé al vacío con total impunidad. Me sé completamente diferente, sostenida por los recuerdos que he ido atesorando e idealizando a lo largo de estos años. Recuerdos que no me pesan y que romantizan a mi personaje.
Es ese personaje el que tiene algún pedacito de ti en su interior, el que gasta una broma boba, pero no evidente. Y entonces te veo a ti con mi diadema blanca puesta en los ojos y una mueca divertida en la boca mientras dices
"Hola, vengo del futuro para traerte un puto detergente"
Pensado (o soñado) por
María C.C.
a
miércoles, enero 09, 2019
lunes, 7 de enero de 2019
No te llevas nada
No te llevas nada porque nunca me diste nada.
Tú entraste en mi mundo. Yo te di mi pasado, mis amigos, mis parques de atracciones. Te regalé mi alegría, mi desenfado y mi música, te llevé conmigo a mis conciertos. Dejé que bailaras con mi libertad.
Te abrí las puertas de mi casa, para que fuera también tuya. Pero tu casa nunca fue mía.
Te abrí de par en par las puertas de mi universo, para que dispusieras de él a tu antojo. Y eso hiciste, mientras yo luchaba porque solo me importara darte, porque no podía esperar recibir ni un trocito de tu vida pública.
Solo me dabas palabras, y palabras querías. Querías amarrar tu autoestima con mis palabras, que te vendí, que prostituí por las migajas de tu tiempo sobrante, o de tu tiempo racaneado.
¿Qué te llevas de mí?
Dime.
Si las palabras ya se las ha llevado al viento.
Si el sexo se vaporiza en mi realidad, si solo te vale a ti para seguir traicionando.
Si todo lo real te lo di yo a ti.
Y en mí permanece.
Mi alegría y mis "lokuras".
Mis parques de atracciones.
La libertad que querías arrebatarme.
La música que solo es mía, y mi voz.
Lo mejor es que en mí permanece lo que nunca te di. Momentos de mi infancia. Y la playa. He pensado que puedes contaminar muchas cosas, pero no has podido instrumentalizar, como hiciste con todo lo que te di, mi playa. Playas en todas las estaciones del año, tranquilas, por las que he paseado sola tantas veces queriendo buscar en las dunas una respuesta a tantos sentimientos. Playas de mi niñez y de mi adolescencia, de reflexión, de familia y enamorados.
A mí el mar me mira a los ojos mientras tú te atiborras de gambas en un chiringuito.
Pensado (o soñado) por
María C.C.
a
lunes, enero 07, 2019
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